
Caminar la Semana del Arte en la Ciudad de México es confirmar que algo cambió. No solo en la escala, en el número de ferias o en la presencia internacional, sino en el tono de la conversación. El arte mexicano ya no se presenta como descubrimiento emergente: hoy se mueve con seguridad, con mercado, con públicos diversos y con una narrativa propia.
En ese contexto, la presencia de marcas de lujo —particularmente de destilados— no se siente forzada. Llega después, no antes, para acompañar una escena que lleva años construyéndose desde talleres, galerías, colecciones privadas y ferias que han sabido crecer sin diluirse.
Sin embargo, también están los casos de las firmas que apostaron por este escenario un poco antes de que se consolidara y fueron acompañando de la mano a sus ahora protagonistas, de forma silenciosa y paciente, pero decidida, entre ellas, Casa Cuervo.
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Por ello, platicamos con su CEO, Juan Domingo Beckmann, que entre otras iniciativas, este año celebra la mayoría de edad del Premio Tequila 1800 Colección que desde hace 18 años ha apoyado el talento emergente dentro de ZⓈONAMACO.

“Cuervo siempre ha estado ligado al diseño y al arte. Desde los calendarios de Sadurni de 1950-1970 hasta el diseño de botellas (fuimos los primeros en romper con las botellas cilíndricas). Para nosotros el arte siempre ha sido muy importante y por eso, nos gusta apoyar a los artistas mexicanos que tienen un gran talento, con el interés de impulsar y compartir su trabajo. Para Cuervo siempre ha sido una forma de trabajar, de construir nuestras marcas”, nos comparte el directivo en una conversación que ocurre mientras la ciudad se llena de inauguraciones, recorridos y encuentros con artistas.
Arte, mercado y nuevas audiencias
El interés de las marcas por el arte no es casual. El arte contemporáneo se ha convertido en un espacio donde confluyen generaciones, disciplinas y formas de consumo cultural más conscientes. No se trata únicamente de comprar obra, sino de entender procesos, discursos y contextos.
Para marcas que buscan conectar con públicos jóvenes —o con audiencias que valoran la estética, el diseño y la autenticidad— el arte ofrece algo que pocas plataformas pueden: tiempo, profundidad y conversación.

Pero Beckham parece observarlo todo desde una posición menos estratégica y más humana. Recuerda cómo, hace algunos años, resultaba evidente que muchos artistas mexicanos tenían el talento, pero no siempre la visibilidad o el acompañamiento necesarios para competir en el mercado internacional. No era un tema de calidad, sino de estructura.
“Eso ha ido cambiando”, dice, contento. Y basta recorrer ZⓈONAMACO para comprobarlo.
“En lo personal, al trabajar con Reserva de la Familia, me resultaba difícil ver cómo artistas que hoy podrían vender su obra en cifras muy altas no lo estaban haciendo, aun teniendo el mismo o incluso mayor talento que artistas internacionales. Esto no tenía que ver con la calidad de sus piezas, sino con que no siempre contaban con el acompañamiento o la visibilidad necesaria en el mercado internacional. Con el tiempo, esto ha ido mejorando, aunque todavía queda mucho por hacer”.
La Semana del Arte como punto de encuentro
Durante esta edición, Tequila 1800 celebró 18 años de colaboración con la feria, una alianza que se ha sostenido en el tiempo justamente porque no intenta apropiarse del discurso artístico.
El booth de 1800 Colección funcionó más como una pausa dentro del recorrido: licoreras intervenidas por artistas, pensadas como piezas coleccionables, convivieron con conversaciones informales entre curadores, artistas y visitantes.

“Al principio, la selección de artistas y proyectos la hacía yo y la compartía con mi papá. Con el tiempo entendí que se trataba de un proyecto mucho más grande, y fue entonces cuando comenzamos a trabajar con curadores. Empezamos a colaborar con amigos como Zélika García y Patrick Charpenel, y también hemos contado con el apoyo de personas dentro del equipo, como Boris Hirmas, que han sido clave en este proceso”, afirma el CEO.
“Hoy, cada año contamos con el apoyo de expertos en arte para la selección de piezas, siempre dependiendo de la marca y del proyecto. Cada marca tiene su propio equipo, y en el caso del premio Tequila 1800 Colección en la feria de MACO, trabajamos con equipos curatoriales que se seleccionan específicamente para cada edición”.
En el marco de esta misma participación se presentó The Art of Tequila: Spirit of Mexico, el libro publicado por Assouline que propone una lectura cultural del tequila como símbolo mexicano.
Un libro sobre el arte del tequila
Más que un objeto editorial de lujo, el libro se siente como un archivo visual: campos de agave, botellas convertidas en lienzos, escenas que conectan tradición artesanal con creación contemporánea.
El libro —escrito por el crítico cultural Suleman Anaya— plantea una idea clara: el tequila no solo se produce, también se interpreta. Desde las colaboraciones artísticas de Tequila 1800, pasando por proyectos como Dobel Atelier, donde cada botella es pintada a mano, hasta Reserva de la Familia, que desde hace años invita a artistas mexicanos a dialogar con una tradición profundamente arraigada.

No se trata de ediciones espectaculares ni de gestos grandilocuentes. Son ejercicios de cruce entre oficios: el del destilador y el del artista, ambos atentos al detalle, al tiempo y a la materia.
Marcas que acompañan
Frente a un panorama donde las generaciones más jóvenes replantean su relación con el consumo, Beckham es cuidadoso. El arte, dice, no es un vehículo para influir, sino un espacio para estar presentes sin imponer. Un lugar donde las marcas pueden aprender a escuchar.
“El arte es subjetivo”, reconoce. Habrá ediciones más celebradas que otras, pero el valor está en la constancia de apoyar a los artistas que se lo merecen.
Una relación que sigue abierta
Más allá de premios, ferias o libros, lo que deja esta Semana del Arte es la sensación de una escena que ya no necesita validación externa. El arte mexicano conversa de tú a tú con el mundo, y en ese diálogo, algunas marcas —como Casa Cuervo— han encontrado un lugar para acompañar sin interrumpir.
No como protagonistas, sino como parte de un ecosistema cultural que entiende que el verdadero valor está en el tiempo, en la colaboración y en dejar que el arte haga lo que mejor sabe hacer: contar historias que siguen abiertas.