
¿Qué pasa cuando algo demasiado cotidiano deja de parecerlo? Un objeto cualquiera, una frase que hemos escuchado cientos de veces o una situación que normalmente no merece nuestra atención pueden cambiar de significado cuando alguien decide mirarlos desde otro ángulo. Ese es uno de los puntos de partida de Licenciado Domínguez, el proyecto artístico de Manuel Domínguez.
Hace diez años, el artista comenzó a desarrollar dibujos a escondidas mientras trabajaba como contador. Utilizaba el escáner y la copiadora de la oficina para producir sus proyectos hasta que una compañera descubrió aquellos dibujos y lo invitó a participar en una feria de ilustración. Lo que comenzó casi como una actividad paralela terminó convirtiéndose en una trayectoria artística que hoy se mueve entre distintos lenguajes y formatos.
“Un día una compañera encontró los dibujos y me preguntó si quería participar en una feria de ilustración que ella gestionaba. A partir de esa feria no he soltado el proyecto”, recuerda.

Desde entonces, Manuel —Manuel a secas, como prefiere presentarse— convirtió incluso su título profesional en parte de la obra. El “Licenciado” funciona como nombre, pero también como una especie de personaje desde el cual puede observar la vida contemporánea con distancia, humor y cierta inclinación por encontrarle una segunda lectura a lo evidente.
Todo empieza con un chiste
La obra de Licenciado Domínguez no se limita a una disciplina. Ilustración, objetos, escultura e instalación forman parte de una práctica que puede cambiar de formato dependiendo de la idea.
El humor es uno de los elementos que conecta estas piezas. No necesariamente como un recurso para provocar una carcajada, sino como una manera de abrir una conversación. Los juegos de palabras, el sarcasmo y las pequeñas contradicciones de la vida cotidiana aparecen una y otra vez en su trabajo.

Hay algo particularmente contemporáneo en esa estrategia: tomar aquello que normalmente consumimos sin cuestionarlo y modificar apenas una pieza del sistema. El resultado puede ser una imagen, un objeto o una situación que parece sencilla hasta que obliga a detenerse unos segundos más.
Sus referencias también vienen de ese territorio. Parte de su imaginario se construyó con la narrativa animada que acompañó su infancia y adolescencia, desde El Coyote y el Correcaminos hasta producciones de Adult Swim. De ahí proviene, en parte, su interés por la lógica del absurdo, los recursos visuales y las situaciones que llevan una idea cotidiana hasta sus últimas consecuencias.
Del dibujo a la cerámica
Originario de Ciudad de México y actualmente establecido en Guadalajara, Manuel ha presentado su trabajo en espacios como el Centro de Cultura Digital, Gran Salón, la Bienal de Ilustración y Salón ACME. Su obra también ha llegado a espacios independientes en ciudades como Barcelona y Budapest.
Pero su práctica no se ha quedado en el terreno que la vio comenzar. Uno de sus caminos recientes es la cerámica, donde continúa explorando esa mezcla de objeto, humor y narrativa que caracteriza su trabajo. That sheep has sailed es uno de los ejemplos de esta etapa y muestra cómo una idea que podría funcionar en una ilustración puede adquirir otra dimensión cuando se convierte en un objeto físico.

La música de cámara es otra de sus exploraciones recientes. A esto se suman dos libros en proceso y proyectos relacionados con la dirección de arte, colaboraciones comerciales y piezas de gran formato.
Arte Marchante representa actualmente al artista y ha presentado parte de su trabajo, incluida Plantas de Casa, proyecto exhibido en Ciudad de México.
Diez años mirando
Después de una década, el proyecto conserva algo de aquella primera etapa en la que Manuel hacía dibujos a escondidas en una oficina: la curiosidad por tomar algo que ya existe y cambiar ligeramente su contexto.
Quizá ahí está una de las claves de su trabajo. No hace falta buscar lo extraordinario demasiado lejos. A veces basta con mirar nuevamente aquello que parece obvio.

En el universo de Licenciado Domínguez, el humor funciona como una puerta de entrada y el absurdo como una forma de observar.
El resultado son piezas que parten de situaciones reconocibles para llevarlas hacia otro lugar, uno donde un juego de palabras puede convertirse en objeto y una escena cotidiana puede terminar hablando, sin demasiadas solemnidades, de la manera en que vivimos.