
Hay algo en Biggie’s que se entiende antes de que llegue el primer plato. Quizá sea el hip-hop que suena en las bocinas, los recuerdos de viajes repartidos por el espacio o esa sensación de que aquí nadie tiene demasiada prisa por levantarse de la mesa. Es un restaurante que se siente más como una reunión entre amigos que como una cena formal, aunque la comida y la barra tienen suficiente personalidad para convertir cualquier visita en algo más.
En Roma 35, dentro de la colonia Juárez, Biggie’s encontró una manera bastante natural de llevar el universo del hip-hop a la mesa. Su nombre es un homenaje a The Notorious B.I.G., pero el concepto no se queda en la referencia evidente. Nueva York, los viajes de sus fundadores y, sobre todo, las cosas que ellos disfrutan comer, beber y escuchar terminan construyendo un lugar con identidad propia.
La comida primero, las reglas después
Ricardo Garrido, fundador y chef, no quiso encerrar a Biggie’s dentro de una cocina específica. Y quizá ahí está parte de su encanto. Si Nueva York es el punto de partida, la mezcla resulta inevitable: una ciudad donde distintas culturas llevan décadas encontrándose alrededor de la comida.

El resultado es un menú de platos abundantes, sabores intensos y preparaciones que piden ser compartidas. Es comida reconfortante, de esa que funciona mejor cuando llega al centro de la mesa y todos empiezan a probar un poco de todo.
Aquí las manos tienen permiso para hacer parte del trabajo. Las alitas y otros platos se disfrutan sin demasiados protocolos, mientras las cervezas llegan a la mesa y la conversación se alarga. Pero Biggie’s también sabe cambiar de ritmo: una botella de vino y algunos platos pueden convertirlo en un plan más pausado, incluso para una cita.
Una playlist que también cuenta la historia
En Biggie’s, la música no funciona como ambientación secundaria. Es parte del concepto. Kenya Martin y Ricardo llevan años construyendo la playlist que acompaña el restaurante, una selección de canciones de hip-hop que habla tanto de sus gustos como de su relación con Nueva York.
Es una banda sonora que cambia el tono de la mesa y que ayuda a entender por qué el género ocupa un lugar tan importante dentro del proyecto.

Para ellos, el hip-hop también representa una historia cultural que va mucho más allá de la música. De ahí que algunas de las referencias que aparecen en el restaurante tengan un carácter personal: obras adquiridas durante sus viajes, recuerdos y objetos que forman parte de su propia historia.
Entre ellos hay incluso boletos de conciertos de Kanye West. Son pequeños detalles, pero funcionan mejor que cualquier manifiesto para entender de dónde viene Biggie’s.
Cuando una canción se convierte en cóctel
La barra siguió la misma lógica. Para crear la carta de coctelería, el mixólogo Saíd Buenrostro recibió una playlist con las canciones favoritas de Kenya y Ricardo. La tarea era traducirlas al lenguaje de los tragos y, de ahí, surgió una carta cuyos cócteles llevan nombres relacionados con canciones de hip-hop.
También hay vinos para distintos gustos y cervezas artesanales de la productora queretana Punto Medio. La propuesta mantiene el carácter informal del restaurante, pero sin quedarse en la idea de un lugar exclusivamente para cerveza y alitas.

Es precisamente esa versatilidad la que hace que Biggie’s funcione en diferentes momentos del día: una comida entre amigos, una cena en pareja o un drink después de la oficina que fácilmente puede terminar con algo para compartir.
Un restaurante con historia propia
Biggie’s nació de la colaboración entre Kenya y Ricardo y otros ocho amigos que se convirtieron en socios. Ella lleva la parte creativa y de comunicación; él, la cocina y buena parte del espíritu emprendedor que ha acumulado después de participar en distintos proyectos gastronómicos y de hospitalidad.
Su historia compartida con Nueva York terminó siendo una de las piezas centrales del concepto. Incluso fue allí donde se comprometieron, así que la ciudad no aparece en Biggie’s como una simple referencia estética, sino como parte de una historia personal.

El diseño interior, realizado por TAGHmx —Marisol González de Cosío y Gabriel Herrerías—, ayuda a que esa historia se perciba sin necesidad de explicarla. Las piezas que la pareja ha adquirido durante sus viajes conviven con la identidad gráfica creada por Auti y con detalles que mantienen el espacio lejos de la sensación de un restaurante temático.
El lujo de sentirse cómodo
Quizá lo más interesante de Biggie’s sea que no intenta parecer algo que no es. Su atractivo está en la combinación de una cocina abundante y sin pretensiones, una barra bien pensada, una selección musical muy personal y un interior que cuenta algo de quienes lo crearon. Todo está diseñado para que la experiencia se sienta relajada, incluso cuando la mesa se llena de platos y la noche empieza a alargarse.
En una época en la que muchos restaurantes compiten por convertirse en una experiencia, Biggie’s encuentra su personalidad en algo más difícil de fabricar: la sensación de estar en el lugar de alguien que conoces.
Biggie’s está en Roma 35, colonia Juárez, Ciudad de México. Abre miércoles y jueves de 3:00 pm a 10:00 pm; viernes y sábado de 3:00 pm a 12:00 am, y domingo de 3:00 pm a 8:00 pm.