Del terroir al storytelling: el nuevo vocabulario del vino para este 2026
El vino ya no solo se bebe: se nombra, se interpreta y se discute como un código cultural en constante evolución estableciendo un nuevo vocabulario del vino.

Hace (no tanto tiempo) pedir vino era un acto relativamente sencillo. Bastaba con decir “tinto”, “blanco”, “rosado” o, en el mejor de los casos, “seco”. Hoy el lenguaje del vino se ha fragmentado, sofisticado y han surgido algunos conceptos que vale la pena conocer para entender las nuevas tendencias enológicas. En apenas un lustro, la cultura vinícola ha cambiado de forma radical: cómo compramos botellas, cuánto bebemos —o si bebemos— y sobre todo, cómo hablamos de él, estableciendo un nuevo vocabulario del vino.

El auge del vino natural coincidió con la explosión de internet como escenario cultural. Las redes sociales no solo amplificaron tendencias: las convirtieron en identidades. Aparecieron sommeliers digitales, críticos irónicos, influencers que educan (o provocan) desde TikTok e Instagram, y una nueva generación que convirtió el vino en conversación del día a día.

Paradójicamente, esa misma cultura ha comenzado a girar sobre sí misma. Los vinos “establecidos”, los grandes tintos clásicos y las denominaciones históricas —antes vistas como anticuadas— han vuelto a ocupar un lugar de deseo, mientras que términos como pét-nat o piquette empiezan a sentirse más familiares o en algunos casos, “demasiados usados”. La evolución del lenguaje del vino para este 2026, nos da sorpresas… una vez más.

Hablar de vino hoy, es aceptar que no existe un idioma universal.

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Del descriptor técnico al código cultural

En este nuevo paisaje, muchas palabras han dejado de describir sabores para comunicar actitudes, por ejemplo:

  • Big Red Wine ya no es solo un vino potente: es una reacción cultural al dominio de los tintos ligeros y refrigerados.
  • Dad wine no describe una etiqueta específica, sino una idea generacional del gusto: cabernet, burdeos, estructura, peso.
  • Crunchy, juicy o glou-glou funcionan más como señales de pertenencia que como notas de cata precisas.
  • Funky: sugiere rusticidad, fermentaciones salvajes o aromas inesperados.

Al mismo tiempo, términos como “clean”, “natural” o “conventional” se cargan de juicios implícitos. No hablan solo del vino, sino de valores, posturas éticas y estéticas. El vocabulario del vino ya no es neutral: es ideológico.

Volver al origen: probar, no postear

Ante esta saturación semántica, muchos educadores y sommeliers coinciden en algo esencial: el lenguaje solo sirve si nace de la experiencia. No se puede nombrar lo que no se ha probado. La curiosidad —más que el vocabulario— vuelve a ser la herramienta clave.

La ironía, los memes y las modas pasarán. Lo que permanece es el acto básico de sentarse, servir una copa y hablar con otros sobre lo que se siente, no sobre lo que se debería decir. En un mundo donde el vino se ha vuelto cada vez más discursivo, quizá el verdadero lujo sea volver a lo sensorial.

Un glosario para el presente (y no para siempre)

Este no es un diccionario definitivo, sino una fotografía del momento. Un mapa imperfecto de las palabras que circulan hoy entre barras, mesas y redes sociales. Porque si algo ha quedado claro es que el vocabulario del vino no se fija: fermenta, evoluciona y, como el propio vino, nunca deja de cambiar o evolucionar. Y tal vez ahí radique su mayor encanto.

Los términos del vino que definen el ahora

Este es un glosario esencial para entender cómo se se habla —y se bebe— el vino hoy, ya que el lenguaje del vino evoluciona al mismo ritmo que la forma en que lo consumimos. Entre bares híbridos, vinificaciones de mínima intervención y un público cada vez más curioso, ciertas palabras se repiten hasta convertirse en códigos culturales. Algunas aclaran; otras confunden. Este glosario pone orden —con criterio— en los términos que hoy dominan la conversación en torno al vino.

Aireación: La práctica de oxigenar el vino para “abrirlo”. Durante décadas se han inventado dispositivos para acelerar este proceso, aunque hoy muchos lo ven más como un gesto performativo que como una necesidad real, lo cierto es que según sommeliers expertos, se trata de exponer el vino al aire para que “respire”, permitiendo que se volatilice y evapore compuestos indeseables (como el exceso de sulfitos o etanol) y que sus aromas y sabores más complejos y agradables se abran y se intensifiquen, mejorando la experiencia de degustación. 

Baby Fat: Una manera informal de describir la redondez y volumen temporal de vinos jóvenes. Con el tiempo, esa “grasa” suele integrarse o desaparecer, dando paso a mayor equilibrio.

Big Red Wine: Tintos de gran estructura y cuerpo —Bordeaux, Barolo— que regresan al centro de la escena como reacción al dominio reciente de los tintos ligeros y servidos fríos.

Budget Banger: Un vino que ofrece más de lo que su precio sugiere. Suele venir de productores reconocidos y representa una compra inteligente, no un compromiso. Digamos que accesible y de gran calidad.

Convencional: Usado, a menudo, para referirse a vinos elaborados bajo métodos industriales o tradicionales, en oposición al vino natural.

Crispy: Más sensación que descripción técnica. Asociado a vinos blancos frescos, directos y sin dulzor perceptible, aunque muchas veces se usa como comodín. Esa sensación gaseosa y tintineante que sientes en el paladar.

Crunchy: Describe vinos de alta acidez y estructura marcada, con una sensación casi quebradiza en boca.

Crushable: Un término informal para vinos fáciles de beber. Aplica también a cervezas y cocteles. Su fuerza está en su universalidad. Cuando en la etiqueta observes el término crushable, entonces sabrás que se trata de un vino ligero y sin tanta densidad n todos los aspectos.

Dad wine: Tintos clásicos, robustos, pensados para acompañar sabores intensos. Pariente cercano del Big Red.

Seco: Técnicamente, un vino sin azúcar residual.

Dusty: Un descriptor evocativo: notas secas, terrosas, que recuerdan bibliotecas antiguas o bodegas tradicionales.

Femenino / Masculino: Categorías heredadas que hoy resultan obsoletas. Esto forma parte más del “viejo mundo del vino”, y aunque el lenguaje persiste, el vino ya no se define —ni se limita— por género.

Funky: Perfil aromático y gustativo poco convencional: terroso, salvaje, a veces animal. Con un estilo propio que aporta notas interesantes.

Glou-glou: Onomatopeya francesa para vinos frescos y bebibles. Popularizada en la última década.

High-toned: Vinos brillantes, de acidez elevada y carácter afilado. De un “tune” o tono alto.

Jammy: Se refiere a la analogía con algo dulce, casi jalea. Tintos dominados por fruta madura o sobremadura. Frecuentemente confundidos con vinos dulces pero sin serlo propiamente.

Juicy: Vinos que proyectan fruta clara y persistente, equilibrada por acidez y tanino suficiente para dar estructura.

Lineal: Un vino cuyo perfil se mantiene constante del primer sorbo al final. Precisión sin grandes giros.

Limpio: Término ambiguo. Puede aludir a un perfil de sabor nítido o, de forma más difusa, a prácticas de elaboración. Se refiere principalmente a su claridad visual, es decir, que no tenga partículas ni turbidez, indicando un buen proceso de clarificación y filtrado, y también puede implicar la ausencia de aromas extraños o defectos, aunque el término también se ha popularizado para describir vinos con procesos naturales y menos aditivos. 

Mineralidad: Sensación —no ingrediente— que evoca piedra, sal o tiza. Un término de cata, no una descripción literal del suelo.

Mousy: Un defecto contemporáneo asociado a ciertos vinos de mínima intervención. Polémico y debatido.

Natural / Natty/ Naté: Más que una moda, una filosofía de mínima intervención. “Natty” simplifica en exceso procesos complejos.

Parkerización: La influencia del gusto de Robert Parker en el estilo global del vino durante décadas: concentración, potencia y uniformidad.

Patio pounder: Vinos pensados para beber sin esfuerzo, al aire libre y sin demasiada reflexión.

Reducción: Falta de oxígeno durante la elaboración que genera aromas sulfurados. Frecuentemente confundida con mineralidad.

Somm: Abreviatura con carga cultural. Hoy muchos profesionales prefieren títulos menos rígidos y más inclusivos, es la abreviatura de “sommelier”.

Steely: Blancos hechos en acero inoxidable, angulares, tensos y directos.

Textural: Describe vinos con capas y volumen en boca, producto de técnicas como barrica o fermentación maloláctica.

Tight: Vinos jóvenes, aún cerrados. El tiempo —o el decantador— suele ser la solución.

Vinificación reductiva: Una técnica deliberada que limita el contacto con oxígeno para preservar frescura y precisión.

Wine bar: Ya no es solo vino y queso. Hoy es un espacio híbrido donde conviven cocina, coctelería y cultura.

Wine jockey: El nuevo rol del experto en vino dentro de espacios que operan con la energía de un club nocturno.

Hoy, el vino se consolida como un lenguaje propio y en constante evolución: un nuevo vocabulario del vino que en 2026 redefine la forma en que entendemos, elegimos y compartimos cada copa. Más allá de etiquetas, puntuaciones o modas pasajeras, hablar de vino es hablar de identidad, de sensibilidad cultural y de una sofisticación que privilegia el criterio personal sobre la validación externa. En esta nueva era, el verdadero lujo no reside únicamente en lo que se bebe, sino en lo que ese vino comunica sobre quien lo elige, cómo lo interpreta y el mundo al que decide pertenecer.