Hollywood on the rocks

La alfombra roja termina, los flashes se apagan y los discursos se olvidan. Pero hay algo que permanece: los brindis. Y es que en Hollywood, el verdadero premio no siempre es una estatuilla, a veces, es haber logrado convertir tu nombre en algo que la gente pueda probar.

Así es, toda estrella construye un personaje. Algunas lo dejan en pantalla, pero otras lo llevan a embotellar. Y en ese gesto —aparentemente trivial— está uno de los negocios más inteligentes de la esfera del entretenimiento contemporáneo: las bebidas espirituosas.

De la alfombra roja al after party con tequila

La noche de los Oscar nunca termina cuando se apagan las luces del Dolby Theatre. Lejos de los reflectores —en terrazas privadas, suites con vista a Los Ángeles o bares donde no existe el “último trago”— la conversación cambia de tono. Ya no se habla de categorías ni de discursos. Se habla de proyectos, de viajes… y, cada vez más, de botellas.

Porque en Hollywood, el siguiente gran papel no siempre está en pantalla. A veces, está en lo que hay dentro de la copa.

El fenómeno comenzó, en su forma más pura, con George Clooney. Lo que inició como un tequila hecho entre amigos —Casamigos— terminó por redefinir la relación entre celebridad y negocio: autenticidad, estética relajada y una historia fácil de contar… y de vender.

Desde entonces, el mapa cambió. Dwayne Johnson convirtió Teremana en una extensión de su disciplina y cercanía con el público: una marca masiva, pero con narrativa personal. Mientras tanto, Matthew McConaughey apostó por el humor y la irreverencia con Pantalones Tequila, demostrando que incluso el lujo puede tomarse menos en serio.

El mensaje es claro: el tequila —y por extensión México— se convirtió en el lenguaje líquido de Hollywood.

Gin, vodka y el arte del branding

Si el tequila es emoción, el gin y el vodka son estrategia. Ryan Reynolds entendió esto mejor que nadie. Aviation Gin no solo fue una marca: fue una extensión de su personalidad —irónica, autoconsciente, perfectamente calibrada para la era digital—. El resultado: uno de los casos más exitosos del negocio.

Emma Watson, por su parte, también ha incursionado en el mundo de las bebidas espirituosas con el lanzamiento de Renais, una marca de ginebra premium, creada en colaboración con su hermano, Alex.

En otra frecuencia, Dan Aykroyd creó Crystal Head Vodka, donde el diseño (esa icónica botella en forma de cráneo) es tan importante como el líquido.

Y más recientemente, Jason Momoa ha llevado su imaginario naturalista a Meili Vodka, donde sostenibilidad y estética convergen.

Vino: cuando Hollywood se vuelve europeo

El giro hacia el vino revela algo distinto: paciencia, sofisticación, permanencia. El caso más emblemático es el de Brad Pitt y Angelina Jolie con Château Miraval.
Lo que podría haber sido un capricho de celebridades terminó convirtiéndose en uno de los rosés más influyentes del mundo, que ha sobrevivido, incluso, a la relación entre estos dos actores.

Pitt llevaría esa exploración aún más lejos con Fleur de Miraval, un champagne de producción limitada que se posiciona más cerca del arte que del consumo cotidiano.

En paralelo, Leonardo DiCaprio se ha vuelto accionista de Telmont, una casa de champán 100% sostenible, con el sabor único de sus uvas cultivadas de forma orgánica, sin pesticidas ni fertilizantes

Una de las favoritas de Hollywood, Drew Barrymore, ha incursionado en la industria del vino con su propia marca, Barrymore Wines, lanzada en 2016 en colaboración con Carmel Road Winery, produciendo principalmente Pinot Grigio, Rosé y Pinot Noir en California.

Kyle MacLachlan construyó en silencio uno de los proyectos más respetados entre conocedores: Pursued by Bear, prueba de que no todo en Hollywood necesita reflectores para ser relevante.

Más allá de la botella: el lifestyle completo

El movimiento no se detiene en lo que se bebe, sino en cómo y dónde se bebe.

Blake Lively ha apostado por una estética impecable con Betty Buzz y Betty Booze, llevando el concepto hacia bebidas listas para consumir sin perder aspiración.

Y en un plano más amplio, Robert De Niro ha demostrado que el verdadero lujo está en la experiencia completa: Nobu no es solo un restaurante, es un ecosistema donde coctelería, diseño y hospitalidad construyen una narrativa coherente.

Lo que une todos estos proyectos no es el alcohol. Es el control. Durante décadas, las celebridades prestaron su imagen para vender productos. Hoy, construyen marcas desde cero, participan en decisiones creativas y, sobre todo, poseen una parte del negocio. Cada botella es, en esencia, un guion: con personaje, tono, estética y audiencia.