
Hay vinos que hablan de un lugar desde la primera copa. Este propone algo distinto: hablar de dos. Fusión de Orígenes: México & Chile reúne en una misma botella uvas provenientes del Valle de Guadalupe, en Baja California, y del Valle del Maule, en Chile, en un proyecto desarrollado por Casillero del Diablo y Tablas Taller Agrícola.
La colaboración parte de una idea sencilla: explorar qué sucede cuando dos territorios vitivinícolas con características diferentes se encuentran en un mismo ensamblaje. El resultado es el primer vino binacional de Casillero del Diablo y, además, un proyecto cuyo ensamblaje final se realiza en México, en las instalaciones de Tablas Taller Agrícola, vinícola del Valle de Guadalupe que forma parte del portafolio de Viña Concha y Toro.
México y Chile en una misma botella
Para entender el vino no hace falta ser experto en enología. La clave está en sus uvas y en su procedencia. El componente mexicano representa 52% de la mezcla y proviene del Valle de Guadalupe. Está compuesto por Caladoc y Touriga Nacional, dos variedades que forman parte de la identidad de esta interpretación mexicana. El 48% restante corresponde a Malbec del Valle del Maule, en Chile.
La intención detrás de esta combinación es poner en diálogo perfiles distintos. El Valle de Guadalupe aporta una expresión que la marca describe como más fresca, mientras que el Maule suma profundidad a través del Malbec. En conjunto, la ficha de cata señala un vino de perfil jugoso y persistente, con taninos presentes pero integrados.
En copa presenta un rojo intenso con reflejos violáceos. En nariz aparecen notas de frambuesa silvestre, guinda negra, higo fresco y especias dulces. En boca mantiene esa combinación de fruta y estructura, con una presencia tánica que acompaña el vino sin convertirse en su único protagonista.
Más allá de la mezcla, hay otro detalle que conecta directamente el proyecto con México: la botella. Su diseño utiliza azul cobalto y detalles dorados, junto con un patrón inspirado en los azulejos de Talavera pintados a mano. Es un recurso visual que busca trasladar parte del imaginario mexicano a la etiqueta sin perder de vista que dentro de la botella también hay una segunda procedencia.
Un tinto pensado para la mesa mexicana
Una de las particularidades de este vino binacional México Chile está precisamente en la forma en que se plantea para acompañar la comida. Su perfil frutal, su estructura y sus taninos lo llevan hacia platos de sabores intensos, particularmente algunos de los clásicos de la cocina mexicana.
Entre los maridajes propuestos están el mole, la barbacoa y los tacos al pastor, tres preparaciones muy diferentes entre sí, pero con suficiente intensidad para acompañar un tinto de estas características.
La colaboración también se extiende fuera de la botella. La presentación del proyecto incluye un vaso de cerámica inspirado en motivos de Talavera mexicana y un tote bag que retoma el universo gráfico de Fusión de Orígenes.
Con 13.5% de alcohol y 750 ml, el vino es apto para veganos y contiene sulfitos. Pero quizá lo más interesante del proyecto está en la premisa: en lugar de elegir entre México y Chile, Fusión de Orígenes plantea que ambos territorios pueden formar parte de una misma expresión. Dos valles, tres variedades de uva y una botella ensamblada en México.