La inmortalidad del automóvil en el Concurso Internacional de Elegancia
Ford GT Concurso Internacional de la Elegancia

Huixquilucan dejó de ser un punto en el mapa para convertirse en una cápsula del tiempo. El Concurso Internacional de Elegancia, en su edición número 38, no se limitó a exhibir automóviles; los consagró, porque este evento no muestra máquinas, es un espacio dedicado a contar historias.

El ingeniero Francisco Name, presidente de la productora Impulmax, nos habla sobre este concurso, que para él es mucho más que una alineación de carrocerías pulidas. Es un museo efímero —“único e irrepetible”— que aparece y desaparece en cuestión de horas, pero deja una huella que permanece en la memoria de aquellos que lo recorren.

En una extensión de 50 mil metros cuadrados, más de 400 vehículos dialogan entre sí. No basta con ser antiguo para formar parte: cada pieza debe tener al menos cuatro décadas de vida y conservar su esencia original, tanto en lo mecánico como en lo estético. Aquí no hay lugar para reinterpretaciones. La autenticidad es ley.

De la revolución industrial a la velocidad absoluta

La edición 2026 del Gran Concurso Internacional de Elegancia apostó por una narrativa clara: recorrer más de un siglo de historia del automóvil estadounidense.

Con un pabellón dedicado a esta industria, el evento propuso un viaje que fue desde los primeros modelos que transformaron la movilidad hasta piezas contemporáneas de alto desempeño, mostrando cómo la tecnología, el diseño y la potencia han evolucionado en poco más de 100 años, en un diálogo que conectó pasado, presente y futuro dentro de un mismo espacio.

La curaduría de este año reforzó esta línea al trazar un recorrido que inició con el Ford Model T Coupe —ícono que marcó la historia al introducir la producción en cadena— y avanzó hacia extremos de ingeniería como el Hennessey Venom F5 Revolution, evidenciando la evolución radical de la industria.

Más que inversión, los autos clásicos representan memoria

Hablar de autos de colección inevitablemente conduce al dinero. Francisco Name nos relata subastas que superan los 50 millones de dólares, piezas únicas que cambian de manos como si fueran obras de arte. Pero reducirlo a cifras sería quedarse en la superficie.

Para muchos coleccionistas, el valor real es otro: “es el recuerdo de un abuelo, el sonido de un motor que marcó una época, la posibilidad de transmitir una historia a las siguientes generaciones. El automóvil, en este contexto, deja de ser objeto y se convierte en legado”, asegura el promotor de la cultura automotriz.

Aunque modelos icónicos como el Jaguar E-Type encarnan el ideal estético —al grado de ser considerado por muchos como el auto más bello jamás creado—, Name insiste en que el lujo no está en la posesión, sino en la comunidad.

Los clubes de marcas como Porsche, Corvette o Mustang son espacios donde el conocimiento se comparte y la pasión se multiplica. Este año, además, el concurso recibió a la convención anual de clubes Jaguar de Estados Unidos y Canadá, sumando una dimensión internacional que refuerza su carácter único.

A diferencia de otros encuentros alrededor del mundo, aquí la experiencia se expande: música, moda y una hospitalidad que, en palabras de Name, solo puede entenderse en México.

Un consejo que trasciende generaciones

Al preguntarle a Francisco Name cómo pueden acercarse las nuevas generaciones a este mundo de coleccionistas y autos clásicos, la respuesta es sencilla, pero profunda: no se trata de números, sino de emociones.

Escuchar un motor, conversar con un coleccionista, entender la historia detrás de cada vehículo. Porque adquirir un auto clásico no es solo una compra: es una puerta de entrada a una comunidad, a una memoria compartida y también a una forma distinta de entender el tiempo.