
El equipo de Robb Report España tuvo la oportunidad de descubrir y conducir el nuevo Ferrari Amalfi Spider, una experiencia que comenzó en Atenas, donde Ferrari convirtió un complejo turístico frente al Mediterráneo en el punto de partida perfecto para conocer, primero con calma y después al volante, su nueva interpretación del Gran Turismo descapotable.
Su motor V8 biturbo de 640 CV, su aceleración de 0 a 100 km/h en 3,3 segundos y una capota de lona que se abre en solo 13,5 segundos convierten cada trayecto en algo especial.

Más allá de las cifras, lo que permanece es la experiencia: el diseño, el sonido del motor, la respuesta al volante y esa particular sensación de viajar en un Ferrari mientras el Mediterráneo se convierte en parte del recorrido.
Antes de arrancar, el Amalfi invita a detenerse en sus proporciones y superficies esculpidas. Su diseño resulta elegante y contemporáneo, sin necesidad de exagerar su condición deportiva. Es un automóvil que transmite prestaciones desde la sofisticación, no desde el exceso.
Al entrar en el habitáculo aparece otra de sus grandes virtudes. Ferrari ha buscado que este Gran Turismo sea tecnológico y sofisticado, pero también natural en el uso cotidiano. La idea de un Ferrari de acceso puede resultar engañosa: no estamos ante un modelo menor, sino ante una puerta de entrada a Maranello que permite disfrutar de buena parte de su ADN con menos compromisos en la vida real.
El V8 como argumento
En el corazón del Amalfi late uno de los grandes protagonistas de Ferrari: un V8 biturbo de 3.855 cc, capaz de desarrollar 640 CV a 7.500 rpm y 760 Nm de par máximo. Asociado a una transmisión de doble embrague y ocho velocidades, alcanza los 100 km/h en 3,3 segundos, los 200 km/h en 9,0 segundos y una velocidad máxima de 320 km/h.
Pero las cifras solo cuentan una parte de la historia.
Lo verdaderamente interesante está en la respuesta. La ausencia de asistencia híbrida proporciona una relación especialmente directa entre acelerador, motor, transmisión y ruedas. Hay potencia de sobra, pero su entrega resulta progresiva y fácil de gestionar. A medio régimen avanza con una enorme facilidad y, cuando el cuentarrevoluciones asciende, aparece ese carácter que uno espera encontrar detrás del volante de un Ferrari.
Desde la perspectiva de un piloto, el equilibrio resulta especialmente atractivo: tiene prestaciones suficientes para despertar el instinto deportivo, pero no exige conducirlo como si cada trayecto fuera una vuelta de clasificación.
Una carretera para dos personalidades
Las carreteras que rodean Atenas permitieron descubrir esa doble personalidad.
En las curvas, la dirección rápida, la precisión de los cambios de apoyo y la comunicación del chasis permiten aumentar el ritmo con confianza. El coche responde con inmediatez y transmite una sensación de control que invita a seguir explorando.

Pero basta con levantar ligeramente el pie del acelerador para descubrir su otra cara. El Amalfi sigue siendo cómodo, refinado y fácil de conducir. No obliga a aceptar las incomodidades de un automóvil radical para disfrutar de sus prestaciones.
Y quizá ahí reside uno de sus mayores logros: es suficientemente deportivo para emocionar a un piloto y suficientemente civilizado para querer conducirlo con frecuencia.
El regreso del tacto
Desde el puesto de conducción hay otro detalle especialmente significativo: el volante.
Ferrari recupera en el Amalfi una interacción más física con algunos de sus controles. Cuando se conduce rápido, poder localizar un mando por tacto y realizar una operación sin apartar la mirada de la carretera hace que la relación con el automóvil resulte más intuitiva.

La tecnología continúa siendo abundante, pero deja de competir por el protagonismo con el conductor. Se convierte en una herramienta al servicio de la conducción.
También el habitáculo responde a esa filosofía. La instrumentación digital y las pantallas destinadas tanto al conductor como al acompañante conviven con una arquitectura pensada para viajar. Los materiales, los acabados y la posición de conducción completan una atmósfera en la que el lujo no depende únicamente de lo que se ve, sino de cómo funciona todo cuando comienza el viaje.
Ferrari frente al Mediterráneo
Y entonces aparece el verdadero argumento del Spider: la posibilidad de abrirse al exterior.
La capota de lona puede abrirse en 13,5 segundos, convirtiendo el trayecto en una experiencia sensorial diferente. En Atenas, con la luz mediterránea, el paisaje y el sonido del V8 acompañando cada kilómetro, la conducción adquiere una dimensión distinta.
El entorno deja de ser un simple escenario para convertirse en parte del automóvil. El viento, la luz, el sonido y el paisaje entran en el habitáculo y transforman un desplazamiento en una experiencia.
La puerta de entrada a Maranello
Después de conocerlo y conducirlo, la conclusión resulta sencilla: el Ferrari Amalfi Spider representa una de las interpretaciones más completas de ese Ferrari que se puede disfrutar con frecuencia.
No necesita ser el modelo más extremo de la gama. Su atractivo reside precisamente en reunir algunas de las sensaciones fundamentales de Maranello —respuesta, precisión, potencia, sonido y conexión con la carretera— en un automóvil que permite vivirlas con naturalidad.

Puedes conducirlo rápido. Puedes viajar con él. Puedes perderte por una carretera secundaria o simplemente disfrutar del paisaje.
Y cuando aparece una buena sucesión de curvas, vuelve a recordarte exactamente por qué estás detrás del volante de un Ferrari.