El lujo automotriz ya no solo se mide en caballos de fuerza, también en huella de carbono

Durante años, la conversación sobre los vehículos eléctricos se concentró casi exclusivamente en un aspecto: las emisiones que dejan de producir mientras circulan. Sin embargo, la industria automotriz ha comenzado a mirar mucho más allá del escape.

Hoy, la pregunta también es cómo se fabrican, con qué materiales se construyen, cuánta energía consume su producción y qué ocurre con ellos cuando termina su vida útil.

Ese es precisamente el enfoque que Mercedes-Benz adopta con el nuevo Clase C eléctrico. En lugar de limitarse a destacar que se trata de un vehículo completamente eléctrico, la firma decidió someterlo a una Evaluación Ambiental 360°, un análisis verificado por auditores independientes que revisa todo el ciclo de vida del automóvil, desde la extracción de materias primas hasta su reciclaje.

El resultado, según la marca, es una reducción cercana a dos tercios de la huella de carbono respecto al actual Clase C con motor de combustión, una diferencia que convierte a este sedán en uno de los ejemplos más claros de la estrategia de electrificación de Mercedes-Benz.

La sostenibilidad desde el origen

Uno de los aspectos más interesantes del análisis es que buena parte de la reducción ambiental ocurre incluso antes de que el vehículo llegue a manos del conductor.

Mercedes-Benz explica que el desarrollo del Clase C eléctrico siguió un principio denominado “Diseño para el Medio Ambiente”, una metodología que incorpora criterios de reciclabilidad, eficiencia de materiales y economía circular desde las primeras etapas del proyecto.

Eso se traduce en decisiones concretas. Cerca de dos terceras partes del aluminio utilizado provienen de procesos alimentados con energías renovables o incorporan un mayor porcentaje de material reciclado. Lo mismo ocurre con parte del acero empleado en la fabricación, producido mediante hornos de arco eléctrico impulsados por electricidad renovable.

En el interior también aparecen materiales reciclados en numerosos componentes. Los revestimientos de los pasos de rueda contienen un 93 % de material reciclado; algunos soportes se fabrican a partir de parachoques recuperados de vehículos fuera de circulación; mientras que los tejidos utilizados en los asientos incorporan fibras recicladas. En conjunto, el automóvil utiliza alrededor de 49 kilogramos de plástico termoplástico reciclado.

La estrategia también alcanza la cadena de suministro. Mercedes-Benz afirma que trabajar con materiales de menor intensidad de carbono permitió reducir aproximadamente un 23 % las emisiones generadas por sus proveedores.

La eficiencia no depende únicamente de la batería

Una vez en circulación, el nuevo Clase C eléctrico incorpora varias tecnologías pensadas para consumir la menor cantidad posible de energía.

Su autonomía homologada alcanza hasta 762 kilómetros bajo el ciclo WLTP, mientras que su consumo se sitúa entre 14.1 y 18.5 kWh por cada 100 kilómetros, cifras que lo colocan entre los sedanes eléctricos más eficientes de su categoría.

La arquitectura eléctrica de 800 voltios permite realizar cargas rápidas, con la posibilidad de recuperar hasta 325 kilómetros de autonomía en apenas diez minutos bajo condiciones ideales.

Pero la eficiencia no depende únicamente del sistema de carga. El vehículo incorpora una bomba de calor multifuente que reutiliza el calor generado por la batería, el sistema de propulsión y el ambiente para climatizar el habitáculo, reduciendo de forma importante la energía necesaria para mantener una temperatura confortable.

A ello se suma un nuevo sistema de frenado regenerativo capaz de recuperar energía durante prácticamente toda la desaceleración del vehículo. Según Mercedes-Benz, hasta el 99 % de las frenadas pueden realizarse mediante recuperación de energía, con una capacidad de regeneración de hasta 300 kW.

Una fábrica que también cambia su forma de producir

La evaluación ambiental no termina cuando el automóvil sale de la línea de ensamblaje.

El nuevo Clase C eléctrico se produce en la planta de Kecskemét, en Hungría, donde Mercedes-Benz ha incorporado distintas medidas para reducir el consumo energético durante la fabricación.

Entre ellas destaca un parque solar con una capacidad instalada de 42.3 MWp, resultado de combinar instalaciones fotovoltaicas en distintas áreas de la planta. Según la compañía, esa infraestructura puede cubrir aproximadamente una cuarta parte de la demanda energética anual del complejo.

También se implementaron procesos más eficientes en el taller de pintura, donde el consumo energético disminuye alrededor de un 20 % respecto a instalaciones anteriores y las emisiones asociadas al proceso se reducen cerca de un 80 %. A ello se suman iniciativas enfocadas en el ahorro de agua y la disminución de residuos industriales.

El siguiente paso: interiores certificados como veganos

Otro de los cambios que acompañan al nuevo Clase C eléctrico ocurre dentro del habitáculo. Mercedes-Benz ofrecerá de forma opcional un interior con certificación independiente de The Vegan Society, organismo que verifica la ausencia de componentes de origen animal en los materiales utilizados.

La marca señala que todos los textiles, recubrimientos suaves al tacto y superficies fueron revisados junto con sus proveedores para sustituir cualquier componente de origen animal por alternativas sintéticas o recicladas, incluyendo tapicería, alfombras, revestimientos del techo y paneles interiores.

Más allá de una tendencia de diseño, esta decisión refleja cómo la sostenibilidad empieza a abarcar también aspectos relacionados con la procedencia de los materiales utilizados en los vehículos de lujo.

Una visión más amplia de la movilidad eléctrica

La Evaluación Ambiental 360° del nuevo Clase C eléctrico evidencia un cambio de enfoque dentro de la industria. Si hace unos años bastaba con hablar de autonomía o potencia, hoy las marcas también buscan demostrar qué ocurre antes y después de que el automóvil llegue a la carretera.

En ese contexto, el nuevo sedán eléctrico de Mercedes-Benz se convierte en un ejemplo de cómo el impacto ambiental comienza mucho antes de girar la llave —o presionar el botón de arranque— y continúa incluso cuando el vehículo completa su ciclo de vida. Esa visión integral es, cada vez más, uno de los nuevos parámetros con los que también se mide el lujo automotriz.