
Creadas en casi todos los tamaños imaginables, estas cajas o cofres solían utilizarse por las mujeres de alta sociedad como simple decoración, a manera de joyeros, o con el fin de guardar algún secreto dentro de ellos: ¿la carta de un viejo amor, tal vez? Comúnmente, cada cofre contaba con un asa de metal, que podía estar hecha de plata, para facilitar su transportación en los largos viajes, y tenía también un diseño geométrico inspirado en el barroco europeo, ornamentado con distintos apliques en concha nácar, carey, oro, y plata, casi siempre realizados por un maestro platero.
Relacionada: Daniel Liebsohn nos acerca al mundo secreto de las antigüedades
Aunque muchos de los más hermosos cofres llegaron desde España, tras largos viajes trasatlánticos, en México se desarrolló una artesanía única en el trabajo sobre estas cajas, como es el caso de ésta pieza creada en México, que muestra en su interior un dedicado trabajo al óleo de una mujer en el campo, rodeada por lo que parecieran flores y frutos, dignos de esta labor.

Una historia contada a través de estas cajas
Actualmente, piezas similares se encuentran en distintos museos en América y Europa, particularmente el Museo de América en Madrid.
Relacionadas: América Prehispánica en tu hogar, con estas dos joyas precolombinas
Materiales: carey, plata y óleo
Medidas: 24 cm largo x 16 cm altura x 14 cm fondo
País: México, S. XVIII