
Hablar de Ferragamo es hablar de calzado. Aunque la firma italiana ha ampliado su universo hacia la moda, los accesorios y la marroquinería, su historia comenzó con zapatos, y esa herencia sigue siendo uno de los pilares de la casa.
Esa tradición llegó recientemente a Ciudad de México, donde un artesano especializado viajó desde Italia para realizar una demostración en vivo del proceso de confección del modelo Tramezza.
Más que una presentación de producto, el encuentro permitió conocer el trabajo manual, la precisión y las técnicas que siguen formando parte de uno de los zapatos más representativos de Ferragamo.
Tramezza, el modelo que resume la tradición zapatera de la firma
El nombre Tramezza proviene de una pieza esencial en la construcción del zapato: una capa de cuero gruesa y flexible que se coloca entre la plantilla y la suela. Su función es aportar resistencia sin sacrificar comodidad, además de adaptarse progresivamente a la forma del pie con el uso.

Este elemento se complementa con otra de las innovaciones históricas de la casa: el cambrione, un soporte de acero patentado por Salvatore Ferragamo en la década de 1920 para reforzar el arco del pie y mejorar la estabilidad durante la marcha.
La construcción también incorpora un sistema de doble costura que une la parte superior con una estructura compuesta por varias capas de piel. Posteriormente, la suela se moldea y se termina completamente a mano sobre la horma, una etapa que requiere experiencia y precisión por parte de los artesanos.
Hasta 160 pasos para crear un solo par
Durante la demostración realizada en la capital mexicana, Ferragamo mostró que la fabricación de un par Tramezza puede involucrar hasta 160 pasos, distribuidos entre distintos especialistas.
Todo comienza con la selección de las pieles y el corte preciso de cada una de las piezas. Después se ensambla el corte superior, que integra elementos como la puntera, el talón y los laterales antes de colocarse sobre la horma para darle su forma definitiva.

Más adelante se incorporan la Tramezza y el cambrione, dos componentes que distinguen a este modelo. Finalmente, la suela se cose mediante técnicas artesanales y el zapato pasa por un proceso de acabado manual que incluye tintes, pulidos y una revisión detallada de cada elemento antes de superar el control de calidad.
Un zapato pensado para acompañar el paso del tiempo
Además de su construcción artesanal, Tramezza destaca por una característica poco habitual en el calzado contemporáneo: puede resuelarse en varias ocasiones. Gracias a su diseño, es posible sustituir la suela sin reemplazar la plantilla ni la Tramezza, dos piezas que ya se han adaptado a la anatomía del usuario.
El resultado es un zapato concebido para prolongar su vida útil sin alterar el ajuste ni la comodidad que desarrolla con el uso.

Actualmente, la colección incluye distintas siluetas clásicas, como Oxford de cordones, mocasines y modelos double monk. Todos se elaboran en piel de becerro y reciben un acabado de color aplicado manualmente, una técnica que aporta matices únicos a cada par y mantiene vivo el legado artesanal con el que Ferragamo construyó su reputación.