Así será Litibú Bay Club, el proyecto que apuesta por la experiencia y el entorno

Litibú no es un punto cualquiera en el mapa de la Riviera Nayarit. Es una bahía que se ha mantenido al margen de los grandes gestos, rodeada de selva, con una de las playas más tranquilas de la zona y una relación muy clara con el paisaje que la contiene. Justamente por eso, cualquier nuevo desarrollo que se plantee aquí tiene que empezar con una pregunta básica: ¿cómo construir sin romper lo que ya existe?

Litibú Bay Club parte de esa inquietud. El proyecto, actualmente en desarrollo en Punta de Mita, propone una comunidad privada que pone el acento en la experiencia cotidiana, en la forma de habitar la costa y en la creación de espacios que dialoguen con la naturaleza, más que en imponerse sobre ella. A lo largo de sus 8.5 hectáreas, el plan integra residencias, áreas comunes, clubes y espacios abiertos pensados para vivirse con calma y con sentido de pertenencia.

Para entender cómo se traduce esta idea en decisiones concretas —desde la arquitectura hasta la relación con el entorno natural y cultural de Litibú—, conversamos con Alonso de Garay, arquitecto a cargo del diseño del proyecto, donde se aborda desde el vínculo personal que lo une a esta región, hasta el proceso detrás del desarrollo y de la manera en que Litibú Bay Club busca integrarse a un territorio que, por sí mismo, ya marca el ritmo.

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Para Alonso de Garay, Litibú Bay Club no es un encargo más dentro de su trayectoria. Es, como él mismo reconoce, un regreso emocional a un territorio que conoce desde la infancia.

“Es una zona a la que le tengo mucho cariño. Conozco Punta Mita, Nuevo Vallarta y Puerto Vallarta desde niño, y nunca había tenido la oportunidad de trabajar ahí. Este proyecto abre una parte muy personal de mi carrera”, comparte.

Ubicado frente a la Playa Litibú y rodeado por el Cerro del Mono, la Sierra Madre y el campo de golf Higuera —diseñado por Greg Norman—, el desarrollo ocupa 8.5 hectáreas dentro de un paisaje que impone tanto por su belleza como por sus restricciones ambientales. Desde el inicio, el sitio marcó el ritmo del diseño.

“Es una bahía única, probablemente la mejor playa nadable de la zona. Está metida en un paraíso natural y eso define todo”, señala el arquitecto.

Arquitectura y el nuevo lujo: la experiencia como eje

Litibú Bay Club dialoga con una transformación más amplia en el turismo y el lujo contemporáneo, donde la experiencia desplaza a la ostentación. Para de Garay, esta transición es evidente también en la arquitectura.

“El lujo ya no es qué tan caro es el material, sino qué tan cálido es el espacio o qué experiencia tienes al estar ahí. La arquitectura hoy tiene que ver con lo vivencial”, explica.

Bajo esta premisa, el diseño privilegia la luz natural, la ventilación cruzada, los patios y la relación fluida entre interior y exterior. No se trata de gestos monumentales, sino de espacios pensados para ser habitados con el paso del tiempo, en sintonía con el clima y el paisaje costero.

Cultura huichol y respeto por lo preexistente

La Bahía de Litibú se encuentra en un territorio con profundo significado cultural y natural. De Garay subraya que el respeto por lo preexistente fue una prioridad desde las primeras etapas del proyecto.

“Nos interesa aprender de la cultura, de las tradiciones y de cómo se ha vivido históricamente el lugar. Aquí estamos en territorio huichol, y eso implica una gran responsabilidad”, afirma.

La arquitectura retoma principios pasivos presentes en la tradición local —como el uso de materiales de la región, texturas naturales y tonalidades integradas al paisaje— reinterpretados desde una mirada contemporánea. La intención, aclara, no es replicar, sino dialogar con el contexto sin imponer una estética ajena.

“La idea es no llegar con una línea completamente disruptiva, sino reinterpretar lo que ya existía desde una lógica moderna”.

Naturaleza como punto de partida del diseño

Antes de definir tipologías o volumetrías, el equipo estudió el territorio a profundidad. Biólogos trabajan de tiempo completo en el sitio, catalogando especies y preservando árboles existentes mediante un vivero in situ.

“Hemos tratado de hacer una arquitectura alrededor de la naturaleza, no al revés”, explica de Garay.
Este enfoque se refleja en la disposición de las residencias, los senderos y las áreas comunes, integradas a una selva que sigue siendo protagonista del conjunto.

Comunidad, más allá de lo inmobiliario

Litibú Bay Club contempla 171 residencias —Ocean Villas, Golf Villas y una colección limitada de casas frente al mar— además de un Beach Club, Sports & Adventure Club, restaurantes, espacios familiares y áreas pensadas para el encuentro cotidiano. Para el arquitecto, ahí reside uno de los valores centrales del proyecto.

“Lo que cambia la experiencia es cuando llegas a una comunidad y realmente hay comunidad. Los espacios comunes están diseñados para que eso suceda”, comenta.

Más que un conjunto residencial aislado, el desarrollo busca generar una vida compartida, donde el diseño facilite la interacción y el arraigo.

Un nuevo capítulo para Litibú

Con la primera fase programada para completarse a finales de 2026, Litibú Bay Club avanza como una de las propuestas más relevantes de la región. Para Alonso de Garay, su mayor aportación va más allá del resultado físico.

“Ojalá sirva para concientizar que se vale ser respetuoso con el entorno y con lo preexistente. Si eso contagia a otros desarrollos, el impacto será mayor”, concluye.

Ubicado a 45 minutos del Aeropuerto Internacional de Puerto Vallarta, el proyecto abre una nueva posibilidad para quienes buscan visitar —o habitar— la Riviera Nayarit desde una perspectiva donde arquitectura, cultura y naturaleza conviven sin estridencias.