Esplendor atemporal: Por qué Ámsterdam es uno de los destinos imperdibles de 2026
Ámsterdam destaca por su gran oferta cultural y gastronómica, mientras la ciudad se envuelve en un halo de elegancia y sofisticación.

Recorrer Ámsterdam es encontrarse con un destino cuyo encanto pintoresco tiene la capacidad de permanecer en la memoria. Entre su intrincada red de canales, casas estrechas y elegantes que parecen flotar sobre el agua y una escena cultural y gastronómica que revela sofisticación y legado en cada platillo, museo o esquina, la ciudad despliega un equilibrio singular entre el esplendor de la Edad de Oro neerlandesa y una poesía cotidiana que resuena con aquello que Aldo van Eyck denominaba el in-between: ese espacio intermedio, humano y vibrante donde lo esencial, lo individual y lo colectivo conviven en una armonía que revela una belleza tan sutil como inolvidable.

El destino estaba escrito. La emoción de viajar a Ámsterdam tenía algo de indescifrable, una mezcla de expectativa y ensueño. En mi pensamiento se formaron imágenes coloridas de las grachtepanden, esas “casas canal” altas y estrechas que definen la silueta más icónica de la ciudad. Una experiencia sofisticada que se hizo posible gracias al cuidado diseño de viajes de American Express y Aeroméxico.

Mi transporte privado llegó puntual y, una vez dentro, el viaje comenzó. Al llegar al Aeropuerto Internacional Benito Juárez y cruzar el control de seguridad, me dirigí al Centurion Lounge de American Express: la sala exclusiva reservada para tarjetahabientes Platinum Card American Express Aeroméxico y Centurion Card. Allí, lejos del bullicio de la terminal, el tiempo adquirió un ritmo distinto. El diseño cálido, la atmósfera serena y la atención a cada detalle crearon un pequeño santuario donde todo resultó reconfortante, casi como un abrazo previo al viaje que estaba por desplegarse.

Plenitud celeste

Cerca de la hora de abordaje, me preparé para ingresar al B787 Dreamliner de Aeroméxico, uno de los aviones más modernos, eficientes y cómodos de la flota, con capacidad para 274 pasajeros. Gracias a la etiqueta Sky Priority, avancé sin filas hacia la pasarela de embarque.

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Al cruzar la puerta de la aeronave, me recibió la hospitalidad impecable del equipo Aeroméxico Premier One. Una azafata me guió por un pasillo amplio y sereno, donde se desplegaba la cabina privada que convirtió mi vuelo directo CDMX–Ámsterdam —de poco más de once horas— en una experiencia íntima, personal y cuidadosamente diseñada para el viajero.

El espacio Premier One —la propuesta más exclusiva de la Business Class— me sorprendió desde el primer instante. En un vuelo largo, la comodidad se vuelve una forma de bienestar indispensable. Coloqué el cubreasiento acolchado y me acomodé en el sillón totalmente reclinable que, con un toque en el panel digital, se transformó en una cama envolvente. El espacio para estirar las piernas se sintió gratificante.

Poco después, recibí el kit de viaje creado con la casa parisina Lancel, un gesto que habla de cuidado y propósito. Dentro, una serie de amenidades sustentables me revitalizaron durante el trayecto: pantuflas suaves, antifaz, kit dental y un tratamiento facial con extractos de té verde. Detalles que elevaron la experiencia.

Una voz grave y amable rompió el silencio. El capitán anunció el despegue y describió las condiciones del vuelo. Su claridad transmitió una calma inmediata, casi hogareña.

Superados los diez mil pies, llegó la cena. Comenzó con aperitivos —quesos, crackers y una copa de vino tinto— y continuó con tres opciones de plato fuerte: pollo, carne o una alternativa vegetal. El cierre fue un helado sencillo y reconfortante. Cada parte del menú se elaboró por un equipo de chefs que busca aportar equilibrio sensorial al platillo durante la travesía.

El tiempo avanzó con suavidad. Las horas fluyeron sin peso. Entre la comodidad del asiento, la atención precisa de la tripulación y la quietud del entorno, pude leer, navegar por internet y elegir una película del catálogo de streaming curado para el vuelo. Todo contribuyó a que la experiencia fuera ligera, casi contemplativa. Y, sin darme cuenta, el sueño me alcanzó.

Umbral entre tiempos

Desperté cuando el avión comenzó su descenso. A través de la ventanilla, una luz suave —casi perlada— anunció la llegada al aeropuerto de Schiphol. El paisaje neerlandés se reveló con formas perfectas: campos ordenados, hilos de agua que fluían en calma y una geometría urbana precisa que armoniza siglos de historia con el ritmo contemporáneo de la ciudad.

Una vez en tierra, el trayecto hacia el centro de Ámsterdam duró 20 minutos. Mientras tanto, los instantes se disolvieron entre la contemplación del paisaje y una curiosidad contenida. Desde la ventanilla de la camioneta, Ámsterdam emergió como un territorio suspendido entre épocas: un umbral entre tiempos, donde la monumentalidad del Rijksmuseum convive con la ligereza geométrica que inspiró a De Stijl, mientras se mezcla con la fuerza de la modernidad al adentrarse en el Ámsterdam-Noord: desde la sensibilidad humanista del Tripolis de Aldo van Eyck, hasta edificios como el Cygnus Gymnasium —un colegio histórico con fachada brutalista— o la ING House, que rompe el horizonte con líneas pulidas y perspectivas audaces.

Aquí, el pasado y el presente se encuentran sin tensión: se miran, se reconocen, dialogan y cohabitan. 

Latido urbano: un vistazo a Ámsterdam, destino imperdible para este 2026

Conforme avanzaba hacia el corazón de la ciudad, emergía el legado del Renacimiento Holandés y se advertían las fachadas estrechas y elegantes de las casas del siglo XVII que bordean los canales; y en ciertos barrios, se intuyen los gestos expresionistas de la Escuela de Ámsterdam: esos frontones escalonados y simétricos cuyas paredes hablan de historia, comercio y de una vida construida entre aguas.

Luego, la ciudad parece desplegar su propio ritmo interior: surgen grupos intrépidos de gente montada en bicicleta que atraviesa los puentes con naturalidad coreográfica, mientras los reflejos de las casas canal se plasman en la fluidez ondulante del agua, convirtiéndola en una obra de arte en movimiento. Un intersticio vivo. Un territorio construido sobre la belleza del equilibrio.

Con este pulso urbano vibrando en los sentidos, me interné en Ámsterdam dispuesta a escucharla.

La ciudad se manifiesta primero a través del sonido: el murmullo del agua contra los muelles, el roce constante de las llantas sobre la piedra y ese tintinear metálico inconfundible de las bicicletas que cruzan puentes y avenidas con una rapidez que recae en la locura. Allí, la movilidad no es un sistema, es un lenguaje. Un ritmo cotidiano que explica por qué Países Bajos es uno de los grandes referentes globales de la movilidad en bicicleta. Tan solo en Ámsterdam vive un millón de habitantes que poseen 1.3 millones de bicicletas. El transporte supera a la población.

No es casualidad. En un país donde las bicicletas superan en número a las personas, Ámsterdam ha construido una forma de habitar que privilegia el movimiento fluido, la cercanía y el disfrute del espacio público. Esa armonía se siente en cada trayecto y contribuye a una sensación difícil de describir pero inmediata: la de estar en un lugar donde todo funciona, donde el diseño urbano cuida al que lo recorre.

Esa misma sensación de equilibrio explica por qué Ámsterdam se perfila como uno de los destinos más atractivos para 2026. La seguridad —uno de los valores más apreciados por el viajero contemporáneo— se percibe sin estridencias, como un estado natural de la ciudad. Caminarla de día o de noche invita a la confianza, a perderse sin temor y a dejar que el tiempo se estire.

A ello se suma una oferta cultural elegante y sofisticada que no necesita presentación: museos que custodian algunos de los capítulos más importantes de la historia del arte —sobre todo de la pintura—: donde Van Gogh, Vermeer, Rembrandt, Mondrian o El Bosco siguen manteniendo vivo su legado (incluso en las calles). Canales que narran siglos de comercio y creatividad, y barrios donde conviven la tradición más arraigada con una energía moderna, joven y experimental. En Ámsterdam, lo histórico no es solemne sino elegante y lo contemporáneo no es efímero; ambos dialogan con una soltura que pocas ciudades europeas han logrado conservar.

Quizá por eso la ciudad no se impone, seduce. No busca deslumbrar de inmediato, sino revelarse poco a poco, como una melodía que se queda en la memoria mucho después de haber terminado.

Hay un ritmo suave en Ámsterdam, un pulso elegante que acompaña cada movimiento; una cadencia que percibía mientras caminadaba por esta ciudad y escuchaba Don’t Stop the Dance de Bryan Ferry. Melodía que acompañó a la perfección el soundtrack de la capital neerlandesa, mismo que parece susurrar que el baile —la ciudad— no se detenga nunca.

Descubriendo la elegancia de ‘La Venecia del Norte’

Dónde hospedarse

Refugios entre canales

Para vivir Ámsterdam desde su corazón y sofisticación, dos hoteles destacan por su carácter y legado. El Pulitzer Amsterdam, un conjunto de 25 casas canal restauradas, ofrece una experiencia que combina la arquitectura tradicional con interiores contemporáneos, donde cada detalle recuerda que el tiempo en esta ciudad se mide también en momentos memorables. Hospedarse en las “Casas artísticas” le da un plus a la experiencia.

Por su parte, el De L’Europe Amsterdam despliega la grandeza del siglo XIX reinterpretada con sofisticación actual: sus habitaciones y suites reflejan una elegancia atemporal, mientras su ubicación frente al río Amstel permite contemplar la ciudad desde una perspectiva única, perfecta para dejarse envolver por su historia y su ritmo. Ambos hoteles forman parte de los rijksmonument de la capital.

Después de instalarse en estos refugios icónicos, la ciudad invita a recorrerla también a través de sus sabores, aromas y rincones que despiertan los sentidos.

Dónde comer

Sabores que cuentan historias

Ámsterdam se descubre también a través de sus sabores, donde cada bocado refleja la riqueza cultural y la precisión de su escena culinaria. En el Hotel De L’Europe, el restaurante Fiore con estrella Michelin ofrece un recorrido gastronómico que combina técnica, creatividad y la esencia de la cocina contemporánea europea.

Para una experiencia más atrevida y con enfoque en producto local, Oriole en el Sofitel The Grand —reconocido con Bib Gourmand— propone menús que sorprenden por su inventiva y armonía, en un ambiente íntimo que permite apreciar cada detalle de su propuesta.

Finalmente, en el Waldorf Astoria, Spectrum, con dos estrellas Michelin, se alza como un templo del gusto donde cada plato es una obra de arte, ejecutada con precisión y sensibilidad, invitando a un viaje sensorial que combina tradición y modernidad en perfecta sintonía.

Dónde beber

Ecos líquidos

Detenerse a beber en Ámsterdam es adentrarse en la esencia de la ciudad: espacios donde historia, diseño y sabor se encuentran. Los sorbos se convierte en un instante memorable, una pausa para contemplar su ritmo urbano y su atmósfera única.

Entre los lugares que no puedes perderte:

  • Pulitzer Bar: Dentro del icónico Pulitzer Amsterdam, ofrece cocteles clásicos reinterpretados con maestría, en un ambiente que combina la calidez histórica de las casas canal con un diseño contemporáneo refinado.
  • Taiko (Conservatorium Hotel): Inspirado en la gastronomía asiática, este espacio combina la coctelería creativa con un ambiente elegante y minimalista, ideal para quienes buscan sabores sofisticados y sorprendentes.
  • Law & Order (50 Best Bars): Un templo de mixología premiado que refleja la creatividad y el pulso cosmopolita de Ámsterdam, con combinaciones innovadoras y atención al detalle en cada preparación.
  • The Dokter: Un bar más local, íntimo y auténtico, donde se siente la ciudad desde la cercanía y la calidez de sus habitantes, con cocteles que cuentan historias de la cultura urbana neerlandesa.
  • Concertgebouwbuurt: Otro rincón local imprescindible, perfecto para disfrutar de un trago mientras se observa el flujo de la ciudad, entre calles históricas y la cercanía de la música y el arte que define esta zona.

Cada barra es un punto de encuentro con Ámsterdam: se escuchan conversaciones en distintos idiomas, se percibe el vaivén de bicicletas y tranvías, y mientras se disfruta de una bebida, los reflejos del agua en los canales recuerdan que la ciudad se saborea tanto como se camina.

Más allá de hoteles, restaurantes y bares, Ámsterdam se descubre caminando por sus calles, recorriendo sus canales y respirando la mezcla de historia y modernidad que la define. Cada puente, plaza o mercado tiene un pulso propio, invitando a detenerse, observar y dejarse envolver por la ciudad.

Qué hacer

En el corazón de la cultura neerlandesa

Ámsterdam se descubre paso a paso, entre la historia que respira cada canal y la energía que late en sus calles. Comenzar por la fábrica de diamantes Gassan permite adentrarse en un mundo de precisión, lujo y brillo, donde el legado artesanal se entrelaza con la modernidad de un lujoso legado.

Luego, De Bijenkorf ofrece una experiencia de compras que combina sofisticación, diseño y estética local, perfecta para quienes buscan objetos que hablen del espíritu de la ciudad o, en su defecto, los mejores diseños y vestuarios de grandes casas de lujo a nivel internacional.

Para sentir la ciudad desde otra perspectiva, un paseo en bote por los canales es indispensable: el reflejo de las casas estrechas sobre el agua parece dibujar un lienzo en movimiento, un espectáculo de líneas y colores que renueva la mirada en cada curva. Quienes buscan un momento de calma y bienestar pueden detenerse en el Akasha Spa del Conservatorium, un refugio donde la tranquilidad y la elegancia se encuentran en cada detalle.

Para descubrir el legado cultural de la ciudad, visitar el Museo de Van Gogh, la casa de Rembrandt (y tener una cena en la cocina de este pintor) o las numerosas galerías de arte que exploran el legado cultural contemporáneo de Ámsterdam y Países Bajos, son opciones que descubren a detalle, la importancia de convertir a esta ciudad en uno de los destinos a visitar este 2026.

Y para cerrar con un gesto de dulzura y autenticidad, probar los stroopwafles y los poffertjes, esos pequeños panqueques esponjosos que se disfrutan al instante, es un recordatorio de que Ámsterdam también se saborea con sencillez y alegría.

Cuando los últimos reflejos del día se despliegan sobre los canales, Ámsterdam revela su esencia: un equilibrio sutil entre pasado y presente, entre historia, cultura y modernidad. Por eso y más, esta ciudad europea, es uno de los destinos imperdibles a visitar este 2026. Sus calles, casas y canales, más que recorrerse, invitan a sentirse y habitarse desde lo más esencial y cada hora la ciudad invita a fluir y evolucionar. Así, cada instante en esta ciudad es un pulso que perdura en la memoria, una cadencia que llama a regresar, a dejar que el tiempo se diluya y que su propia belleza se transforme en una memoria viva e inolvidable.

Al finalizar el viaje, regresé a Schiphol con una sensación de nostalgia inesperada. No quería dejar de disfrutar esa ciudad que se descubre poco a poco en cada rincónn que se visita, desde los imponentes canales como el  Keizersgracht, pasando por el distrito rojo (muy turístico) del Oude Kerk hasta el súper elegante barrio del  Spiegelkwartier, en donde encontrarás talleres de esculturas con cerámica y el tradicional color “azul holandés”. O simplemente dar un paseo con café en mano al cruzar por el Vondelpark (uno de los parques más grandes de Ámsterdam) en el Museumkwartier.

Todo es Ámsterdam es digno de admirarse y descubrirse, sobre todo, si lo que se busca es descubrir la excelencia de una ciudad que respira sofisticación artística y elegancial monumental, histórica y turística.