
Hay ciudades que se entienden mejor cuando se caminan, se habitan y se sienten. La Ciudad de México es una de ellas, llena de capas y capas de historia, arquitectura, voces y formas de vida que conviven unas sobre otras.
Esa imagen fue precisamente uno de los puntos de partida para Máximo México, el nuevo hotel de OHHospitality en Manzanillo 47, en la Roma Sur, y la primera del grupo concebida alrededor del arte y el maximalismo. Para Michell Halley, Directora Creativa de OHH Collection, el espacio debía reflejar esa misma multiplicidad que define a la ciudad.
“México por sí habla de un maximalismo, habla de un espacio con capas, habla de un encuentro de muchas voces”, explica.
La arquitectura de la propiedad permitió llevar esa idea a lo tangible. La restauración recuperó elementos originales del inmueble, entre ellos los pisos y las herrerías, mientras que se incorporaron molduras neoclásicas y nuevos recursos que dialogan con distintas épocas. En lugar de buscar una estética única, el proyecto parte de la yuxtaposición.

“No queremos ser solo una cosa, queremos ser muchas cosas a la vez”, señala Halley. Así, cada elemento forma parte de una composición más amplia. Los distintos materiales, formas, texturas y referencias conviven para construir un espacio que no pretende permanecer estático, sino revelar sus capas poco a poco. El resultado es una propiedad que se plantea como una pieza de arte habitable: un lugar donde arquitectura, interiorismo y arte forman parte de una misma narrativa.
Y es precisamente el arte el elemento que termina de unir esta visión. Para esta apertura, OHHospitality trabajó junto con Karla Rojo de la Vega, quien fue la encargada de construir una colección que no responde a una única corriente artística. La selección reúne artistas emergentes, creadores de trayectoria media y nombres establecidos, generando un diálogo entre distintas generaciones, perspectivas y lenguajes.
Para Karla Rojo de la Vega, todo este proyecto opera a través de la energía y aunque hay distintas técnicas y la propuesta es multidisciplinaria, existe una armonía natural. El hotel abandera el maximalismo, un concepto que solemos asociar únicamente con acumular o llenar espacios: “A través de la curaduría, comprendí que el maximalismo también radica en lograr que múltiples piezas convivan sin competir entre sí, sumando para generar un discurso colectivo armónico”, asegura.

La decisión de apostar por el maximalismo tampoco fue casual. Halley encuentra en él una representación de la propia Ciudad de México: una urbe que puede resultar caótica para quien la visita por primera vez, pero que al mismo tiempo tiene la capacidad de abrazar a través de esa sobreexpresión de ideas, sonidos, colores y experiencias.
“Queríamos hacer muchas cosas a la vez y darle un espacio y una plataforma para poder tener un diálogo interesante”, cuenta. Es así que esta apertura también modifica la relación tradicional entre el visitante y el arte. En Máximo México, la intención no es colocar las piezas sobre un pedestal inaccesible, sino convertirlas en detonadores de conversación y reflexión.
“El arte suele ser súper exclusivo y a veces es excluyente. Queremos que te invite a la reflexión, que te invite a una conversación, que te puedas acercar sin miedo al arte”, asegura.

Un hotel distinto desde otra perspectiva
La propuesta se distancia así de los hoteles patrimoniales de OHHospitality, tradicionalmente asociados con una estética más sobria y elegante. Máximo nace para ser distinto: más colorido, relajado, divertido y abierto a la mezcla. El propio huésped se convierte en parte fundamental de esa transformación y para Halley, el concepto del hotel consiste en construir un lienzo incompleto que cada visitante puede terminar de llenar con su propia historia.
“Aquí queremos que el mismo huésped se sienta parte de esa historia, de ese lienzo, que venga a contar su historia singular.” La idea define también al público que la propiedad busca atraer: viajeros más jóvenes y creativos, interesados en la cultura, el arte y en descubrir una ciudad más allá de sus recorridos habituales. La ubicación contribuye a esa intención. En los alrededores conviven restaurantes, pequeños comercios, espacios de arte y propuestas gastronómicas que forman parte de una Roma Sur que todavía conserva una dimensión más cotidiana.
La Roma Sur como eje central de la propuesta
Y ahí aparece otra de las apuestas más interesantes de Máximo México: la decisión de instalarse en una zona que, de acuerdo con Halley, permanece en cierta medida por debajo del radar frente a la popularidad de Roma Norte.
Mientras esta colonia se ha convertido en uno de los grandes polos gastronómicos y culturales de la ciudad, la Roma Sur conserva una atmósfera más familiar y cercana a la vida cotidiana de la capital.
“Quiero que se tenga una experiencia súper rica, relajada, cálida, pero que también te puedas dar una idea, si vienes de cualquier otro lado del mundo, de lo que significa vivir el día a día y lo cotidiano en México”, explica.
En una misma calle pueden convivir una vulcanizadora, un puesto de quesadillas, una comida corrida, una galería de arte y un restaurante reconocido con estrella Michelin. Para Halley, esa contradicción no necesita resolverse: es justamente lo que hace interesante a la ciudad.

Máximo México busca convertirse en un punto de encuentro desde el cual explorar esa diversidad. No pretende ofrecer una versión cuidadosamente filtrada de México, sino acercarse a sus contrastes: lo sofisticado junto a lo cotidiano, lo histórico frente a lo contemporáneo, el arte junto a la vida diaria.
En sus 16 habitaciones y en los espacios comunes de la propiedad, esa filosofía encuentra una expresión concreta. El hotel no intenta contar una única historia sobre México, sino abrir espacio para que múltiples narrativas puedan convivir.

Porque, al final, el maximalismo de Máximo México no está únicamente en el color, el arte o la mezcla de texturas. Está en aceptar que la identidad de una ciudad como esta nunca ha sido una sola. Es una suma de capas, voces, épocas y perspectivas.
Y quizá sea justamente ahí donde el nuevo hotel encuentra su mayor argumento: no invitar al viajero a observar México desde afuera, sino a formar parte de su lienzo.