
Salir de Ciudad de México rumbo a Dubái suena, en el papel, a un trayecto interminable. Pero en la práctica, volando en la cabina Business Class de Emirates Airlines, el tiempo se reorganiza en momentos: un café que llega sin pedirlo, una comida que se sirve sin prisas, una cama que aparece cuando el cuerpo lo necesita. Mientras que la experiencia se construye a partir del diseño, el ritmo del servicio a bordo, la gastronomía pensada para largos recorridos y una de las salas lounge más completas del mundo.
Cerca de 20 horas de trayecto se convirtieron en un una rica cena acompañada de un poco de música, algunos cuantos coctéles disfrutando de un par de películas y una siesta reparadora.
Las comodidades empiezan desde antes de subir al avión: el acceso prioritario y la calma previa al abordaje en la sala VIP del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México marcan un contraste inmediato con la idea tradicional de volar largas distancias. Mientras que la escala en Barcelona no interrumpe la experiencia; la continúa.
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Una vez a bordo, la cabina de Business Class de Emirates Airlines se percibe sobria, bien pensada, sin excesos visuales. Todo diseñado para acompañar un trayecto largo con naturalidad.
El asiento funciona con precisión. Se transforma en una cama completamente horizontal, con espacio suficiente para estirarse sin esfuerzo. Y a un costado, el minibar personal permite tomar agua, refrescos o jugos sin necesidad de llamar a la tripulación.

La pantalla individual ofrece acceso al sistema de entretenimiento ice, donde conviven cine internacional, series, documentales, música y ahora contenidos curados de Spotify. Entre podcasts, playlists y estrenos, el vuelo se adapta al ritmo de cada pasajero: trabajar, descansar o simplemente mirar por la ventanilla.
El servicio a bordo de Emirates
Uno de los elementos que más define esta experiencia es la tripulación. En cada tramo —México–Barcelona y Barcelona–Dubái— el servicio se mantiene atento, cercano y profesional.
No hay rigidez ni exceso de formalidad; hay lectura del momento. Una bebida que llega justo cuando hace falta, una comida servida sin prisas, una conversación breve que humaniza el trayecto, además en tu idioma.

La diversidad cultural del equipo se nota en los detalles y en la facilidad para comunicarse. Más que un servicio coreografiado, se siente como un acompañamiento continuo durante el vuelo.
Gastronomía a 40,000 pies de altura
La gastronomía que ofrece Emirates Airlines acompaña el viaje sin imponerse. Los menús están inspirados en distintas regiones del mundo y se sirven en porcelana fina, con cubiertos diseñados exclusivamente para la aerolínea.
En vuelos nocturnos, el menú de madrugada permite elegir opciones más ligeras para privilegiar el descanso. Todo está pensado para que el pasajero decida el ritmo: una comida completa o algo sencillo antes de dormir.


La carta de vinos, quesos y bebidas completa la experiencia sin necesidad de artificios. Así como la mixologia hace su magia relajante, lo mismo que la alianza de la aerolínea con Dom Pérignon, algo así como su champaña oficial.
Entretenimiento
En cuestión de entretenimiento, Emirates implementará el Wi-Fi de Starlink en toda su flota en servicio, comenzando con los aviones Boeing 777 y completando la instalación a mediados de 2027.
Lo anterior permitirá a los pasajeros de Emirates ver contenido en streaming, jugar videojuegos, hacer llamadas, trabajar y navegar en redes sociales durante todo su viaje, tanto en las pantallas integradas en los asientos como en sus dispositivos personales simultáneamente.

Amenidades que acompañan el trayecto
El neceser de Bulgari es uno de esos detalles que se agradecen en vuelos largos. Fragancias, productos de cuidado personal y artículos pensados para llegar con otra sensación al destino. A esto se suman mantas, almohadas y, en algunas rutas, ropa cómoda diseñada para facilitar el descanso.
Son elementos que no buscan llamar la atención, pero que hacen que el tiempo en el aire sea más llevadero.

Dubái y su lounge
Y si la llegada fue por todo lo alto, el regreso sorprende igualmente sin despegar los pies del suelo. Para empezar, el servicio de transporte que ofrece Emirates a sus pasajeros de Business Class y superiores, desde su hotel hacia el aeropuerto de Dubái.
Una vez allí, la sala lounge funciona como una transición suave entre el lujo del destino árabe y el del avión.

El acceso biométrico permite entrar sin fricciones. Dentro, el espacio se divide en zonas que responden a distintos estados de ánimo: áreas tranquilas, restaurantes, barras, duchas, spa y un Business Centre completamente equipado.
El Health Hub ofrece opciones ligeras, jugos y snacks pensados para recuperar energía. Costa Coffee funciona a cualquier hora del día, y la sala Moët & Chandon propone una cata de champán acompañada de pequeños bocados diseñados por chefs con estrella Michelin. Todo convive en equilibrio, sin ruido innecesario.

Volar en Business Class con Emirates redefine la idea del viaje largo. No se trata solo de llegar, sino de cómo se vive cada hora en el aire y en tierra.
Es una experiencia pensada para quienes entienden que el trayecto también construye memoria, ritmo y narrativa. En este caso, el viaje no empieza en Dubái: empieza mucho antes, a 40,000 pies de altura.