Entre la selva y el mar, abre sus puertas el nuevo santuario de la ginebra mexicana
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El lujo suele asociarse con grandes gestos. Sin embargo, algunas de las experiencias más memorables nacen de algo mucho más sencillo: el sonido de las olas rompiendo frente a la costa, la luz dorada de un atardecer sobre el Pacífico y un cóctel diseñado para acompañar ese momento.

Esa es la atmósfera que envuelve a Santuario Bar Condesa Gin, la nueva instalación que abrió sus puertas dentro de One&Only Mandarina. Durante su presentación, el espacio reunió algunas de las disciplinas que hoy están redefiniendo el estilo de vida de lujo en México: diseño, gastronomía, arquitectura, hospitalidad y destilados de autor.

Ubicado entre la selva y el mar, el proyecto representa el encuentro entre dos marcas que comparten una misma visión sobre la experiencia contemporánea. Por un lado, One&Only Mandarina, uno de los refugios más exclusivos de la Riviera Nayarit; por el otro, Condesa Gin, la ginebra nacida en Ciudad de México que ha llevado la riqueza botánica del país a algunas de las mejores barras del mundo.

Cuando el paisaje se convierte en parte de la experiencia

La llegada a Santuario Bar ocurre después de recorrer algunos de los escenarios más espectaculares de One&Only Mandarina. Entre senderos rodeados de vegetación tropical, el Pacífico aparece poco a poco hasta convertirse en protagonista.

El nuevo santuario de la ginebra mexicana abrió sus puertas para presentar una colaboración que va más allá de la coctelería. La experiencia reunió diseño, arquitectura, gastronomía y hospitalidad en un entorno donde cada elemento parece pensado para dialogar con el paisaje.

El espacio, diseñado por el arquitecto mexicano Carlos H. Fernández, apuesta por materiales naturales, líneas limpias y piezas de diseño mexicano que parecen haber envejecido junto al entorno. La sensación es la de un refugio abierto al mar, donde la arquitectura no busca competir con el paisaje, sino acompañarlo.

Con la luz cambiando a lo largo de la tarde y el océano extendiéndose frente a la barra, el diseño adquiere una dimensión distinta. No se trata solamente de un escenario para tomar un cóctel; es parte integral de la experiencia.

“Tratamos de explotar esta idea muy mexicana de la piedra volcánica, muy característica del centro del país y eso hizo un match perfecto porque Condesa Gin está en esa región y la zona de la Condesa en la Ciudad de México tiene mucho de Art Decó, Art Nouveau, toda esta parte de la arquitectura de 1900 y nos hizo mucho sentido poder traer todo este material a la playa, porque además es muy resistente. Todos los puntos se fueron uniendo”, dijo el arquitecto encargado del proyecto.

Cócteles pensados para este rincón del Pacífico

El corazón de Santuario Bar está, naturalmente, en su propuesta líquida. La carta fue desarrollada por Leo Betanzos, Global Brand Ambassador de Condesa Gin, quien diseñó una serie de cócteles inspirados en el entorno donde serían servidos.

Durante la experiencia inaugural desfilaron propuestas como Mandarin Fizz, Negroni Tropical, Piñada Rosada, Jazmín, Bembé y Mommy’s on Vacation, cada una construida para resaltar distintos matices de las expresiones de Condesa Gin.

Las notas cítricas, herbales y florales encuentran una afinidad natural con el clima cálido de la costa nayarita. Servidos frente al mar y acompañados por la caída del sol, los cócteles terminan convirtiéndose en una extensión del paisaje.

Una mesa para celebrar el detalle

La inauguración continuó con una cena maridaje diseñada especialmente para la ocasión. En uno de los espacios más privilegiados de One&Only Mandarina, los invitados participaron en una experiencia gastronómica de cuatro tiempos acompañada por cócteles creados para dialogar con cada plato.

La propuesta permitió explorar de manera más profunda el universo botánico de Condesa Gin y entender cómo sus distintas expresiones pueden interactuar con ingredientes, texturas y sabores.

Entre conversaciones sobre arquitectura, diseño y gastronomía, la noche confirmó algo que se percibía desde el inicio de la jornada: Santuario Bar no fue concebido únicamente como un lugar para beber ginebra, sino como un espacio para generar encuentros.

El nuevo lujo habla cada vez más de experiencias

En los últimos años, los proyectos más interesantes dentro de la industria del lujo han dejado de centrarse exclusivamente en el producto para enfocarse en la experiencia.

Santuario Bar Condesa Gin es un ejemplo de esa evolución. Aquí la ginebra es importante, por supuesto. También lo son la arquitectura, el diseño, el servicio y la gastronomía. Pero el verdadero valor está en cómo todos esos elementos se combinan para crear una atmósfera específica, vinculada a un lugar y a un momento irrepetible.

“Quisimos crear toda una parte de ritual de consumo. No es sólo poner un lugar, sino crear toda una experiencia en torno a nuestras expresiones de ginebra, porque en realidad es un santuario para nosotros en donde puedes tener una inmersión no sólo en el gin mexicano, sino en este méxico contemporáneo, con expresiones de arte, arquitectura, gastronomía y mixología”, destacó Mayra Ascencio, directora de Marketing de Condesa Gin.

Frente al Pacífico, con la selva detrás y el horizonte abierto hacia el océano, la colaboración entre Condesa Gin y One&Only Mandarina encuentra precisamente ahí su mayor fortaleza: en la capacidad de construir una experiencia que sólo tiene sentido en este rincón de Nayarit.

Y quizá por eso Santuario Bar consigue algo poco común. No se siente como una instalación temporal dentro de un hotel. Se siente como un destino más dentro de Mandarina. Uno que invita a detener el tiempo, pedir un cóctel y dejar que el paisaje haga el resto.