
Los therian —personas que se identifican espiritual o psicológicamente con un animal, su “teriotipo”— han puesto sobre la mesa una conversación distinta sobre identidad. Curiosamente, la alta relojería lleva años explorando esa misma idea desde el diseño: relojes que evocan animales por su forma, su nombre o incluso por códigos que solo entienden los conocedores. De panteras y serpientes a esferas “panda” y detalles inspirados en aves rapaces, este recorrido propone mirar el tiempo desde el instinto.
Relojes con alma y cuerpo animal
Hay piezas donde el vínculo es directo, casi literal. El Panthère de Cartier es un ejemplo que toma uno de los símbolos más reconocibles de la marca y lo traduce en un reloj flexible, con un brazalete que fluye como si tuviera vida propia.

En la misma línea, el Serpenti de Bulgari convierte a la serpiente en estructura: el reloj se enrolla en la muñeca, replicando ese movimiento orgánico.
Aquí el “teriotipo” es evidente: no solo está en el nombre, sino en la forma de habitar el objeto.
El lenguaje secreto de los coleccionistas: el “panda”
Pero no todos los relojes llevan el animal en la carátula o en el nombre. Algunos lo esconden en códigos que nacen de la comunidad. Uno de los más conocidos es el “panda dial”.

Versiones del Rolex Cosmograph Daytona de Rolex, así como modelos de Omega o Seiko, han adoptado este apodo por su estética: esfera clara con subesferas oscuras que recuerdan el rostro de un panda.
Aquí el animal no es una decisión de la marca, sino de quienes lo observan. Una especie de identidad compartida.
Cuando el nombre dice qué tan Therian eres
A veces, la conexión con el animal está en un detalle mucho más sutil, casi poético. El Alpine Eagle de Chopard toma como referencia al águila, pero no desde la forma completa, sino desde uno de sus rasgos más hipnóticos: la mirada.

Su esfera presenta una textura que evoca el iris de esta ave rapaz, con líneas que capturan esa sensación de profundidad y precisión visual. Es un guiño que no es evidente a primera vista, pero que transforma por completo la forma en la que se percibe el reloj.
Criaturas dentro del mecanismo
En otro nivel están los relojes que literalmente incorporan animales en su funcionamiento.
El Bird Repeater de Jaquet Droz es un buen ejemplo: pequeñas aves animadas que se activan gracias a un complejo sistema mecánico. Aquí el reloj no solo representa a un animal, sino que lo “interpreta”.

Por otro lado tenemos a Tiffany & Co y el icónico Bird on a Rock, una de las creaciones más emblemáticas de la Casa en la que unos mecanismos innovadores permiten que las gemas y el motivo de las aves giren con gracia alrededor de la esfera a medida que el usuario se mueve.
Fauna como arte en la esfera
Algunas casas llevan la relación con los animales hacia el terreno artístico.

El Arceau Tigre de Hermès presenta un tigre ilustrado en la esfera, trabajado con técnicas artesanales que convierten cada pieza en algo cercano a una obra única.
También firmas como Vacheron Constantin o Jaeger-LeCoultre han explorado esta relación con piezas donde los animales aparecen esmaltados o grabados con un enfoque casi narrativo.
Formas que sugieren más de lo que muestran
Hay relojes que no necesitan ilustraciones para evocar un animal.
El Cat’s Eye de Girard-Perregaux toma su nombre de la forma de la caja, que recuerda al ojo de un gato.
Es un recordatorio de que, en la relojería, a veces basta una línea o una proporción para sugerir algo más.

Asimismo, en la línea de alta relojería Therian, tenemos al MB&F HM3 Frog: Lanzado por primera vez en 2010 por la marca independiente MB&F, este reloj fue diseñado con “ojos” bulbosos que sobresalen de la caja. Estos dos domos de zafiro giran para mostrar las horas y los minutos, simulando los ojos prominentes de una rana.
Visto desde la tendencia therian, la relojería adquiere otra lectura. Porque más allá de la técnica, estos relojes hablan de identidad: de elegir un símbolo, una forma o una energía con la que te sientes alineado.
Algunos lo hacen de forma evidente. Otros, como el águila de Chopard o el “panda” de ciertos cronógrafos, lo hacen en clave más discreta.
Pero todos comparten algo: una conexión con lo animal como lenguaje.
Y quizá por eso siguen funcionando tan bien hoy. Porque incluso en un objeto diseñado para medir el tiempo, siempre hay espacio para algo más instintivo.