El reloj que resume las últimas tres décadas de evolución en Chopard

No todos los aniversarios se celebran con un reloj completamente nuevo. En ocasiones, la mejor manera de contar una historia es regresar al modelo que lo inició todo. Eso es precisamente lo que hizo Chopard con el nuevo L.U.C 1860, una pieza creada para conmemorar los 30 años de Chopard Manufacture en Fleurier, la manufactura donde la firma suiza desarrolla y produce sus movimientos de alta relojería desde 1996.

Aunque Chopard nació mucho antes —en 1860—, este aniversario tiene un significado distinto: celebra el momento en que la casa decidió fabricar sus propios calibres y apostar por una integración casi total de los procesos relojeros. El resultado fue el nacimiento de la colección L.U.C, hoy considerada la máxima expresión de la alta relojería de la marca.

Para celebrar esas tres décadas, la firma recupera el diseño del reloj que marcó el inicio de esta historia, pero lo actualiza con la experiencia técnica acumulada durante las últimas tres décadas.

Un clásico que mantiene sus proporciones originales

Uno de los aspectos más llamativos del nuevo L.U.C 1860 es que conserva el diámetro original de 36.5 milímetros, una medida que hoy resulta especialmente atractiva para los coleccionistas que buscan relojes elegantes y fieles a las proporciones clásicas.

La caja está fabricada en Lucent Steel™, un acero desarrollado por Chopard con un 80% de material reciclado que destaca por su alta pureza, un brillo comparable al de los metales preciosos y una mayor resistencia al desgaste. No se trata únicamente de un cambio estético, sino de un material que refleja la evolución tecnológica que la manufactura ha impulsado en los últimos años.

La esfera también tiene una historia detrás. Su color Azul Areuse toma inspiración del río Areuse, que atraviesa la región cercana a Fleurier. Los distintos matices del agua, moldeados por la luz y las formaciones rocosas, sirvieron como referencia para crear un tono que cambia sutilmente según el ángulo desde el que se observe.

El detalle que sigue haciendo la diferencia

Más allá del color, la esfera es probablemente uno de los mayores argumentos de esta edición.

Está elaborada en oro blanco de 18 quilates y decorada mediante guilloché realizado completamente a mano, una técnica artesanal que hoy pocas manufacturas conservan.

Los artesanos trabajan con tornos históricos que, en algunos casos, tienen más de un siglo de antigüedad. Cada línea se traza manualmente, sin asistencia digital, generando patrones imposibles de reproducir con procesos industriales modernos.

El resultado es una superficie que juega constantemente con la luz y aporta profundidad visual sin recurrir a elementos excesivos.

La ausencia de una ventana de fecha también responde a esa filosofía: mantener la limpieza del diseño original y dejar que la esfera sea la verdadera protagonista.

Un movimiento que sigue siendo referencia

El reloj incorpora el calibre L.U.C 96.40-L, heredero directo del primer movimiento desarrollado por la manufactura en Fleurier. Con apenas 3.30 milímetros de grosor, continúa siendo uno de los movimientos automáticos extraplanos más refinados de la colección.

Su principal característica es el microrrotor de oro de 22 quilates, una solución que permite mantener un perfil muy delgado sin renunciar a la carga automática.

A ello se suma la tecnología Chopard Twin, un sistema con dos barriletes superpuestos que ofrece alrededor de 65 horas de reserva de marcha y proporciona una entrega de energía más constante, favoreciendo la estabilidad y la precisión del movimiento.

También incorpora función de parada de segundos para ajustar la hora con mayor exactitud y un sistema de cuello de cisne que permite una regulación especialmente fina del calibre.

Dos certificaciones que pocos relojes consiguen reunir

Uno de los elementos que mejor refleja el nivel técnico del L.U.C 1860 es la combinación de dos certificaciones muy poco habituales en un reloj de acero.

Por un lado, cuenta con el certificado de Cronómetro del COSC, que garantiza la precisión del movimiento tras superar quince días de pruebas en distintas posiciones y temperaturas.

Por otro, obtiene el prestigioso Punzón de Ginebra, una de las certificaciones más exigentes de la relojería suiza. Este sello no solo evalúa la precisión, sino también la calidad de fabricación, los acabados manuales y el origen de cada etapa del ensamblaje.

Conseguir ambas certificaciones ya es poco común; hacerlo en un reloj fabricado en acero representa un reto técnico aún mayor debido a los altos estándares de acabado que exige este reconocimiento.

Treinta años de una manufactura que cambió el rumbo de Chopard

Cuando Karl-Friedrich Scheufele impulsó la creación de Chopard Manufacture en Fleurier en 1996, el objetivo era claro: desarrollar movimientos propios capaces de competir con las grandes casas de la alta relojería suiza.

Ese mismo año nació el calibre L.U.C 96.01-L y, poco después, apareció el primer L.U.C 1860, un reloj que fue reconocido como “Reloj del Año” por la revista suiza Montres Passion/Uhrenwelt.

Desde entonces, la manufactura ha desarrollado todos los movimientos de la colección L.U.C de manera interna, incorporando desde calendarios perpetuos hasta repetidores de minutos y grandes sonerías.

Ese trabajo también ha sido reconocido por la industria: en 2017, el L.U.C Full Strike obtuvo la Aguja de Oro del Gran Premio de Relojería de Ginebra, el máximo galardón del certamen.

Treinta años después, el nuevo L.U.C 1860 funciona como un puente entre aquel primer movimiento y la capacidad técnica que hoy distingue a la manufactura de Fleurier.