
Hay lugares de un reloj donde los diamantes parecen estar en casa: la caja, la esfera, la corona o incluso el brazalete. El volante, en cambio, es otra historia. Es uno de los componentes que determinan cómo mantiene la hora un movimiento mecánico y, precisamente por eso, cualquier cambio en su peso o distribución puede alterar su comportamiento.
Ahí es donde está la particularidad del nuevo Jacob & Co. Brilliant Flying Tourbillon Baguette Pastel Arlequino: por primera vez en la relojería moderna, la firma ha conseguido engastar 54 diamantes blancos de talla brillante directamente en el volante, sin comprometer las características necesarias para mantener la precisión del movimiento.
No se trata, entonces, simplemente de colocar piedras preciosas en un lugar poco habitual. El reto está en hacerlo sin modificar las condiciones bajo las que trabaja este componente.
Un volante con diamantes
En términos sencillos, el volante funciona como el corazón regulador de un reloj mecánico. Trabaja junto con el espiral para controlar la liberación de energía del escape y determinar la marcha del movimiento. Su masa, su momento de inercia y la manera en que está equilibrado se calculan con tolerancias muy pequeñas.
Por eso, añadir 54 diamantes no es una cuestión meramente estética. Cada piedra supone una pequeña modificación de masa y, sobre todo, de distribución del peso.
La idea tampoco es completamente nueva. Durante las décadas de 1820 y 1830, relojeros suizos y franceses experimentaron con volantes engastados con diamantes. Aquellos mecanismos, sin embargo, utilizaban escapes de cilindro y se desarrollaron en una época en la que desviaciones de varios minutos al día todavía podían considerarse aceptables.
Con la evolución de la relojería mecánica y de los estándares de precisión, este tipo de intervención dejó de tener sentido en el órgano regulador. Los diamantes encontraron otros lugares dentro del movimiento, mientras el volante quedó fuera de los experimentos de engaste.
Un halo que no deja de moverse
El resultado tiene además una consecuencia visual interesante. El volante del Brilliant Flying Tourbillon Baguette Pastel Arlequino oscila a 3 Hz, mientras que el tourbillon volante realiza una vuelta completa cada 60 segundos.
Al moverse de manera simultánea, ambos elementos cambian constantemente la relación entre los diamantes y la luz. El efecto es el de un halo luminoso que parece rodear al órgano regulador.
Es una de esas ocasiones en las que la estética nace directamente de la mecánica: los diamantes no están ahí solamente para decorar el movimiento, sino que forman parte de un componente que permanece en constante movimiento.
366 zafiros en tonos pastel
El volante es la principal novedad mecánica, pero no es el único elemento que define esta pieza única. La caja de 42 mm está fabricada en oro blanco de 18 quilates y reúne 366 zafiros en diferentes tonos pastel. En la caja, la esfera, la corona y la hebilla aparecen piedras verdes, azules, rosas y lavanda organizadas mediante un patrón deliberadamente contrastante.

El nombre Arlequino hace referencia a Arlecchino, personaje de la commedia dell’arte italiana cuyo vestuario está asociado con un patrón de rombos de diferentes colores. Aquí la idea se traslada a las piedras: los tonos no buscan fundirse entre sí, sino repetirse en una secuencia ordenada.
El engaste también merece atención. Los zafiros están colocados de manera invisible, sujetos desde la parte inferior para que no haya garras ni elementos metálicos visibles sobre la superficie.
Un movimiento a la vista
Toda esta composición está construida alrededor del nuevo calibre automático JCFA02, desarrollado por Jacob & Co. El movimiento combina el tourbillon volante con un microrrotor y ofrece 72 horas de reserva de marcha, con una frecuencia de 21,600 alternancias por hora, equivalente a 3 Hz.
A través del cristal de zafiro del fondo también pueden verse los puentes, que incorporan otros 234 diamantes de talla brillante. La pieza mide 42 mm de diámetro y 11.61 mm de grosor, cuenta con una resistencia al agua de 30 metros y está acompañada por una correa de aligátor.

Pero, entre todos estos elementos, el que explica por qué este reloj ocupa un lugar particular dentro de la relojería contemporánea está en un punto mucho más pequeño: los 54 diamantes del volante.
El Brilliant Flying Tourbillon Baguette Pastel Arlequino es una pièce unique y tiene un precio de 693,000 dólares.