
La alta relojería se comprende mejor cuando se observa más allá de la pieza. Detrás de cada esfera, hay una historia de ingeniería, decisiones estéticas, técnicas artesanales y personas que han dedicado su vida a perfeccionar la manera de medir el tiempo. Bajo esa premisa, Kogan Luxury House celebró Kogan Luxury Days los días 12 y 13 de octubre, en su residencia de Polanco, Ciudad de México, con un encuentro que reunió a 30 casas de alta relojería, alta joyería e instrumentos de escritura.
La cita convocó a clientes, coleccionistas, representantes de las firmas y medios de comunicación en un formato que permitió tener contacto directo con las piezas y las personas detrás de ellas. Manufacturas con siglos de historia compartieron espacio con relojeros independientes y propuestas que exploran nuevas formas de entender la mecánica, el diseño y la lectura del tiempo.
Más que una exhibición, el encuentro ofreció la posibilidad de acercarse a distintas interpretaciones del lujo relojero en un mismo lugar, desde la precisión y los acabados tradicionales hasta las construcciones mecánicas que desafían las convenciones de la industria.

De las grandes manufacturas a la relojería independiente
La diversidad fue uno de los rasgos centrales de Kogan Luxury Days. Entre las firmas participantes estuvieron nombres históricos como A. Lange & Söhne, Cartier, Jaeger-LeCoultre, Girard-Perregaux, Piaget, Ulysse Nardin y Universal Genève, cuyas trayectorias han contribuido a definir distintas etapas de la relojería.

A su lado, marcas como MB&F, Biver, ArtyA, Genus, David Candaux, Dominique Renaud y Rudis Sylva representaron una vertiente más experimental, en la que la arquitectura del movimiento, las complicaciones y las formas de mostrar la hora se convierten en espacios para la exploración creativa.
La propuesta también incluyó casas como Bell & Ross, Baume & Mercier, Bovet 1822, Daniel Roth, Gérald Genta, Jacob & Co., Parmigiani Fleurier y Roger Dubuis, además de la presencia de Maison Alcée, dedicada a los relojes de mesa que el propio coleccionista puede ensamblar.
La alta joyería tuvo su lugar con firmas como Messika, Roberto Coin y Chimento, junto con Joyería Kogan, mientras que Montegrappa y Visconti ampliaron la conversación hacia los instrumentos de escritura, objetos en los que la tradición artesanal y la identidad de diseño también desempeñan un papel fundamental.
En conjunto, las 30 casas ofrecieron un panorama de la diversidad de la industria: una disciplina en la que conviven la continuidad de los grandes códigos clásicos y la búsqueda de nuevas expresiones mecánicas y estéticas.
Las personas detrás de cada complicación
Uno de los aspectos más relevantes de este encuentro fue la presencia de figuras vinculadas directamente con la creación relojera. Michel Navas, maestro relojero; Alcée Montfort, cofundadora de Maison Alcée; David Candaux, fundador de la firma que lleva su nombre, y Jacky Epitaux, fundador de Rudis Sylva, estuvieron entre los protagonistas invitados.
Su participación permitió llevar la conversación más allá de las características técnicas de cada pieza. El intercambio con coleccionistas y asistentes abrió espacio para conocer las ideas que dan origen a una colección, las decisiones que definen un movimiento y el trabajo que exige convertir una visión creativa en un objeto mecánico.
En una industria donde los acabados, las complicaciones y los materiales suelen concentrar la atención, el contacto con sus creadores añade otra dimensión: comprender qué hay detrás de aquello que se observa en la muñeca y cómo una firma construye una identidad propia.
Este acercamiento cobra especial relevancia en el caso de los relojeros independientes, cuyas propuestas suelen partir de una visión personal sobre la mecánica y el diseño. Su presencia junto a manufacturas consolidadas permitió apreciar distintas escalas de producción y maneras de concebir la alta relojería.
El Día de Muertos como escenario
La experiencia también incorporó una referencia a una de las tradiciones más representativas de México. Kogan Luxury House ambientó la residencia con elementos del Día de Muertos, entre ellos un altar, flores de cempasúchil, papel picado y calaveritas de azúcar personalizadas.

La elección estableció un diálogo entre la cultura mexicana y una industria que también se construye a partir de la memoria, la transmisión de conocimientos y la permanencia de los objetos a través de las generaciones. Un reloj puede heredar una historia familiar del mismo modo que un oficio mantiene su vigencia cuando sus técnicas pasan de una mano a otra.
Esta edición reunió en Ciudad de México a distintos representantes de la alta relojería internacional y propició el intercambio entre marcas, creadores y coleccionistas. Durante dos días, la precisión mecánica convivió con la artesanía, la creatividad independiente y una tradición mexicana que, al igual que los propios relojes, busca nuevas formas de mantenerse vigente.