Ulysse Nardin recupera su legado astronómico con el nuevo Blast Moonstruck

Durante siglos, los relojes sirvieron para medir el tiempo. Pero algunas piezas fueron mucho más allá y buscaron explicar cómo se mueve el universo. Esa tradición es precisamente la que Ulysse Nardin vuelve a poner sobre la mesa con el Blast Moonstruck, un reloj que recupera el ADN de sus legendarios relojes astronómicos y lo presenta bajo un lenguaje completamente contemporáneo.

La inspiración no es casual. Esta pieza retoma el legado de la célebre Trilogy of Time, creada por el relojero, astrónomo y matemático Dr. Ludwig Oechslin, responsable de algunos de los relojes astronómicos más complejos jamás llevados a la muñeca. Aquel trabajo comenzó en la década de los ochenta con el Astrolabium Galileo Galilei, considerado el primer reloj astronómico de pulsera del mundo, y ahora encuentra una nueva interpretación en una edición limitada de apenas 20 ejemplares.

Cinco complicaciones astronómicas en una sola esfera

Lo más interesante del Blast Moonstruck es que no presenta cada función por separado. En lugar de acumular indicadores, organiza toda la información como si fuera un pequeño modelo del sistema Tierra-Sol-Luna visto desde nuestro planeta.

La esfera reúne cinco indicaciones astronómicas que funcionan de manera interconectada: la fase lunar de alta precisión, los días del mes lunar, el coeficiente de mareas, un sistema de hora mundial y la posición relativa del Sol y la Luna alrededor del planeta. La idea es que toda esa información pueda entenderse de un vistazo, siguiendo uno de los principios que guiaban el trabajo de Oechslin: que la complejidad permanezca en el movimiento y no en la lectura del reloj.

Uno de sus mayores diferenciales es la representación geocéntrica. En el centro aparece una Tierra tridimensional grabada sobre una estructura de cristal de zafiro, mientras el Sol y la Luna recorren sus respectivas órbitas alrededor del globo. El resultado ofrece una forma poco habitual de visualizar fenómenos astronómicos que normalmente permanecen ocultos dentro del mecanismo.

Una fase lunar que apenas necesita ajustes

Entre todas sus funciones, la fase lunar merece una mención aparte. El mecanismo reproduce el ciclo lunar con tal precisión que solo acumula un día de desviación después de 40.3 años.

Además, la Luna mantiene siempre orientada su parte iluminada hacia el Sol, tal y como ocurre en la naturaleza, en lugar de recurrir a la representación convencional utilizada por la mayoría de los relojes con fase lunar. Esa fidelidad astronómica también sirve para calcular el coeficiente de mareas, un guiño a la histórica relación de Ulysse Nardin con la navegación marítima.

Ingeniería mecánica con materiales contemporáneos

En el interior trabaja el calibre automático UN-106, desarrollado por la propia manufactura. Está compuesto por 338 piezas e incorpora un escape y un espiral de silicio, tecnología que Ulysse Nardin ayudó a introducir en la relojería contemporánea y que mejora la precisión, la resistencia al desgaste y la estabilidad del movimiento. El reloj ofrece además una reserva de marcha de 50 horas.

También incorpora el sistema patentado de ajuste rápido de la hora local mediante pulsadores laterales. Esto permite cambiar el huso horario en incrementos de una hora sin alterar el resto de las indicaciones astronómicas, una solución especialmente práctica para quienes viajan con frecuencia.

Una reinterpretación contemporánea de un clásico de la manufactura

El Blast Moonstruck adopta la arquitectura característica de la colección Blast con una caja de 45 milímetros que combina oro rosa de 18 quilates y titanio con tratamiento DLC negro.

Bajo el cristal de zafiro sobresale una representación tridimensional del hemisferio norte que parece flotar sobre una esfera de aventurina, un material cuya superficie recuerda a un cielo estrellado.

Más que una simple reinterpretación de un modelo histórico, esta edición limitada recupera una de las facetas menos conocidas de Ulysse Nardin: la de una manufactura que ha dedicado buena parte de su historia a trasladar cálculos astronómicos complejos al lenguaje de la alta relojería. El Blast Moonstruck demuestra que esa tradición sigue vigente, ahora envuelta en una estética mucho más moderna.