Vacheron Constantin celebra el Año de la Cabra con dos nuevas piezas de alta relojería
Colección Métiers d’Art The Legend of the Chinese Zodiac

La alta relojería también encuentra en la cultura una fuente de inspiración. Para Vacheron Constantin, su vínculo con China se ha convertido en una historia que atraviesa generaciones y que ahora toma forma en dos nuevas creaciones de la colección Métiers d’Art The Legend of the Chinese Zodiac, dedicadas al Año de la Cabra, que comenzará en febrero de 2027 con el Año Nuevo Lunar.

Limitadas a 25 ejemplares cada una, las nuevas piezas se presentan en cajas de 40 milímetros de oro rosa 5N de 18 quilates o platino 950. Su protagonista es una cabra esculpida en relieve que se alza sobre una formación rocosa, rodeada por un paisaje esmaltado a mano. Más que un motivo decorativo, la figura concentra el trabajo de distintos especialistas y convierte la esfera en un escenario donde conviven escultura, pintura y relojería.

Una tradición que mira hacia Oriente

La relación de Vacheron Constantin con China se remonta a mediados del siglo XIX. Los archivos de la Maison documentan el envío de 33 pares de relojes a Cantón en 1846, un antecedente de la estrecha relación que establecería con los dignatarios de la corte imperial. Aquellas piezas destacaban por sus decoraciones con grabados, esmaltes y piedras preciosas, además de una construcción pensada para responder a las condiciones de humedad del mercado chino.

Décadas después, esa afinidad cultural continúa expresándose en creaciones que retoman símbolos y tradiciones de Oriente. En 2012, la firma inició un ciclo de relojes Métiers d’Art dedicado a los 12 animales del zodiaco chino. En 2024 comenzó un segundo recorrido de 12 años con el Año de la Serpiente, dando continuidad a una serie que presenta dos interpretaciones por cada signo.

La cabra ocupa el octavo lugar dentro del zodiaco chino y representa cualidades como la sensibilidad, la honestidad, la lealtad y la resiliencia. También se asocia con la buena fortuna, un simbolismo que encuentra expresión en la figura tridimensional que domina las nuevas esferas.

Un movimiento sin agujas como lienzo artístico

La propuesta estética está respaldada por el Calibre 2460 G4, un movimiento automático de manufactura que permite prescindir de las agujas tradicionales. En su lugar, cuatro discos muestran las indicaciones a través de ventanas dispuestas alrededor de la periferia de la esfera: las horas y los minutos continuos se ubican en la parte superior, mientras que el día de la semana y la fecha aparecen en la zona inferior mediante indicaciones saltantes.

Esta arquitectura libera el centro del reloj y ofrece un espacio amplio para el trabajo decorativo. El calibre reúne 237 componentes en una estructura de 31 milímetros de diámetro y 6.05 milímetros de grosor. A través del fondo de cristal de zafiro se aprecia su masa oscilante calada de oro amarillo de 22 quilates, decorada con una Cruz de Malta pulida.

La atención al detalle también se extiende a los acabados del movimiento, entre ellos el perlage, las Côtes de Genève, los puentes biselados a mano y los rubíes engastados y terminados manualmente. El Punzón de Ginebra, grabado en uno de sus puentes, acredita los estándares de calidad y ejecución que distinguen a estas piezas.

Dos semanas para dar vida a una esfera

El trabajo artístico comienza con la escultura de la cabra y la roca, realizadas en oro blanco u oro rosa de 18 quilates, según la versión. El maestro grabador trabaja el metal mediante la técnica de relieve para definir elementos como los cuernos, el pelaje y los contornos del animal. Posteriormente, un acabado patinado y la pintura en miniatura aportan matices y profundidad. Este motivo requiere tres días de trabajo especializado.

El paisaje que lo rodea demanda todavía más tiempo. Su elaboración combina esmalte grand feu multicolor con pintura en miniatura, aplicada mediante pinceles finos para recrear el follaje. La placa se somete a cocciones superiores a los 800 °C, un proceso que se repite las veces necesarias para alcanzar los tonos y degradados deseados. En conjunto, el fondo de la esfera requiere alrededor de dos semanas de trabajo.

Incluso las tonalidades de las ventanas que muestran las indicaciones del calendario se seleccionan para mantener la armonía cromática con el resto de la composición. Cada decisión responde a una misma intención: integrar las funciones del reloj sin restar protagonismo a su expresión artística.

Las dos versiones mantienen esta identidad, aunque cada una establece su propio lenguaje visual. La edición en oro rosa se acompaña de una correa de piel de aligátor marrón oscuro, mientras que la versión en platino incorpora una correa azul oscuro. Ambas cuentan con cierre desplegable elaborado en el mismo metal que la caja.

Con estas creaciones, Vacheron Constantin vuelve a situar el diálogo entre técnica y artesanía en el centro de su propuesta. El resultado es una pieza en la que el tiempo no se expresa únicamente a través de sus indicaciones, sino también mediante la paciencia, el dominio del oficio y la interpretación de una tradición cultural.