
Hubo un tiempo en el que la Fórmula 1, como la Champions League o la Eurocopa, parecía estar supeditada a los confines del viejo continente. El campeonato nació en Silverstone en 1950; Ferrari construyó su leyenda desde Maranello; y Mónaco terminó definiendo el calendario e identidad de este deporte.
Y, sin embargo, hoy ese mapa se está expandiendo, sobre todo, a este lado del Atlántico, donde una nueva conquista parece estarse fraguando, aunque esta vez en términos que van mucho más allá de lo estrictamente deportivo. Es una transformación que no ocurrió de la noche a la mañana ni puede explicarse de manera sencilla, pues es el resultado de una estrategia cuidado samente diseñada que combina competición, entretenimiento, tecnología, lujo, negocios y una experiencia de alcance global.
En menos de 10 años, la máxima prueba del automovilismo dejó de ser un producto dirigido principalmente a aficionados especializados para convertirse en uno de los espectáculos deportivos con mayor crecimiento del planeta.
Según los organizadores, en 2025, el campeonato alcanzó 827 millones de aficionados en todo el mundo, un crecimiento del 12% respecto al año anterior, mientras que los circuitos recibieron 6.7 millones de espectadores, la cifra más alta registrada en sus 75 años de historia.
Pero detrás de estas cifras existe una cuestión mucho más interesante: la de cómo América del Norte dejó de ser un mercado secundario para convertirse en el laboratorio donde la Fórmula 1 diseña su futuro.
UNA ALIANZA DE LARGA DATA
Pensar que la Fórmula 1 descubrió Norteamérica hace apenas unos años sería un error. En realidad, esta región del continente ha acompañado al campeonato prácticamente desde sus primeros pasos.


Las 500 Millas de Indianápolis formaron parte del Campeonato Mundial entre 1950 y 1960. Estados Unidos fue sumando sedes como Sebring, Riverside, Watkins Glen, Long Beach, Detroit, Dallas, Phoenix y, más recientemente, Austin, Miami y Las Vegas.
Canadá, por su parte, ingresó al calendario en 1967 y encontró estabilidad en el Circuit Gilles Villeneuve desde finales de los años setenta.
Mientras que México celebró su primera carrera en 1962 y debutó oficialmente en el calendario mundial un año después, impulsado por el talento de Ricardo Rodríguez y, posteriormente, por la extraordinaria trayectoria de su hermano, Pedro Rodríguez.
La diferencia es que, durante buena parte del siglo xx, esas carreras funcionaban como escalas dentro de un campeonato cuya conversación seguía ocurriendo al otro lado del Atlántico.
AÑO CLAVE
El punto de inflexión llegó en 2017, cuando Liberty Media adquirió los derechos comerciales de la Fórmula 1. El conglomerado estadounidense no se limitó a vender transmisiones o sumar carreras: comenzó a tratar al campeonato como una plataforma global de entretenimiento.
La categoría abrió su comunicación digital, acercó a los pilotos al público, amplió la producción de contenidos y convirtió cada fin de semana en una experiencia que podía incluir conciertos, celebridades, activaciones de marca y hospitalidad. La carrera seguía siendo el centro, pero dejó de ser el único producto.
EL FENÓMENO DRIVE TO SURVIVE
Si Liberty Media diseñó la estrategia, Drive to Survive fue el acelerador perfecto. La serie documental de Netflix logró algo que durante décadas parecía imposible: presentar la Fórmula 1 a millones de personas que nunca habían visto una carrera.
Un estudio de YouGov de 2023 indicó, en ese entonces, que una sola temporada de Drive to Survive había sido vista por siete millones de personas, de las cuales el 31% pertenecía al grupo de edad de entre 18 y 29 años.
Y no lo hizo explicando reglamentos ni tácticas de neumáticos. Lo hizo contando historias humanas. Así, Christian Horner dejó de ser únicamente el director de Red Bull para convertirse en un personaje reconocible; Toto Wolff pasó de ser un ejecutivo a uno de los rostros más influyentes del campeonato; pilotos como Charles Leclerc, Lando Norris o Carlos Sainz comenzaron a ser seguidos por una audiencia que llegó atraída por la narrativa mucho antes que por el deporte.
A eso hay que sumarle que la producción ha servido para exhibir a decenas de celebridades disfrutando de un Gran Premio en las distintas sedes, sobre todo las de Norteamérica.
EL RELEVO GENERACIONAL
Esfuerzos como esta docuserie, la más vista enfocada en deporte, y proyectos como la película más taquillera de Brad Pitt, F1 (que recaudó más de 600 millones de dólares), han permitido un cambio generacional entre la fanaticada.
De acuerdo con el Global F1 Fan Survey 2025, el 42% de la afición ya está integrada por mujeres, el porcentaje más alto registrado por el campeonato. Además, el 27% pertenece a la Generación Z y tres de cada cuatro nuevos aficionados son mujeres.
En redes sociales, el fenómeno resulta todavía más evidente: el 54% de la audiencia de TikTok y el 40% de Instagram tiene menos de 25 años.
Estados Unidos representa quizá el mejor ejemplo de esta transformación. Se han cuantificado alrededor de 52 millones de aficionados a la Fórmula 1 en ese país, más del doble de los que seguían el campeonato hace apenas unos años.
La audiencia televisiva también se duplicó desde 2018 y la mitad de esos seguidores comenzó a interesarse por la categoría durante el último lustro.
No es casualidad que Miami, Austin y Las Vegas ocupen actualmente un lugar estratégico dentro del calendario. Tampoco que la Fórmula 1 haya decidido desarrollar alianzas con Disney, Lego y otras marcas capaces de conectar con nuevas generaciones.
La conversación ya no gira exclusivamente alrededor de quién ganó; ahora también importa quién protagonizará la siguiente historia.
MÉXICO: EL TERRENO FÉRTIL
Al tiempo que Estados Unidos se consolida como el gran mercado estratégico para la Fórmula 1, México se ha convertido en el país donde la categoría encontró una de sus aficiones más apasionadas.
La relación comenzó mucho antes de Sergio Pérez. En 1962, el recién inaugurado Autódromo de la Magdalena Mixhuca —hoy Autódromo Hermanos Rodríguez— albergó una carrera no puntuable para el Campeonato Mundial que quedó marcada por un episodio tan histórico como trágico: la muerte de Ricardo Rodríguez durante las prácticas.



Aun así, el talento del joven piloto mexicano convenció a la Fórmula 1 de que el país merecía un lugar en el calendario. Un año después se disputó la primera edición oficial del Gran Premio de México.
Después de dos etapas (de 1963 a 1970 y de 1986 a 1992), la categoría regresó en 2015 con una visión completamente distinta. El Gran Premio dejó de ser sólo una carrera para transformarse en una plataforma capaz de proyectar la imagen del país ante millones de espectadores alrededor del mundo.
Además, su ambiente único ha hecho que sea reconocido en cinco ocasiones consecutivas como el “Mejor Evento del Año” por la propia F1. Pero el impacto va mucho más allá de la emoción deportiva. De acuerdo con los estudios elaborados por AECOM y Formula Money para CIE, el Gran Premio de la Ciudad de México 2025 generó una derrama económica estimada en 19,840 millones de pesos (mdp), sustentó más de 10,600 empleos y reunió a 401,326 asistentes durante los tres días del evento.
Desde el regreso de la F1 en 2015, la carrera ha acumulado un impacto económico superior a 157,500 mdp y más de 93,000 empleos. Estas cifras ayudan a explicar por qué el contrato del Gran Premio fue renovado hasta 2028 y por qué la carrera mexicana se ha convertido en una referencia para otras sedes que buscan perma- necer dentro del calendario.
EL EFECTO CHECO
Hablar del crecimiento de la Fórmula 1 en Norteamérica sin mencionar a Sergio Checo Pérez sería ignorar una de las piezas clave de esta historia. El debut del piloto mexicano en 2011 coincidió con el momento en que el campeonato de monoplazas comenzaba a replantear su estrategia comercial y su alcance global.
A diferencia de generaciones anteriores, Checo construyó su carrera en la era de las redes sociales, el contenido digital y las plataformas de streaming. Su llegada a Red Bull Racing terminó por consolidarlo como uno de los deportistas latinoamericanos con mayor proyección y exposición internacional.

Su figura ya es legendaria, e incluye 39 podios, 12 vueltas rápidas, tres pole positions y seis triunfos. Hoy cuenta, fuera de la pista, con 8.5 millones de seguidores en Instagram y el solo anuncio de su regreso a las carreras impulsó un crecimiento de casi un millón de seguidores para Cadillac.
Su influencia ha trascendido la pista y numerosas marcas encontraron en el piloto mexicano una gran puerta de entrada para conectar con un público joven y aspiracional. Incluso tras su salida de Red Bull, ese atractivo se ha mantenido intacto.
CADILLAC Y EL NUEVO SUEÑO AMERICANO
Si Checo representa el rostro latinoamericano de esta transformación, Cadillac encarna el regreso del orgullo estadounidense a la máxima categoría. La incorporación del Cadillac Formula 1 Team va más allá de sumar una undécima escudería a la parrilla: significa el desembarco de uno de los fabricantes más emblemáticos de ese país en un campeonato históricamente dominado por marcas europeas.
Respaldado por General Motors y surgido de la estructura deportiva de Andretti Global, el proyecto busca convertirse en “el equipo de América”. Su aparición coincide con un momento especialmente favorable para la categoría.

Según la Global F1 Fan Survey 2025, el 95% de los aficionados estadounidenses planea seguir la Fórmula 1 durante los próximos cinco años; el 73% tiene intención de asistir a alguno de los tres Grandes Premios celebrados en su país y el 66% considera que la existencia de varias sedes estadounidenses incrementa su interés por el campeonato.
EL TEMPLO SE MANTIENE
Europa seguirá siendo la cuna de la F1. Ferrari continuará compitiendo desde Maranello y Silverstone, Monza, Spa-Francorchamps y Mónaco conservarán su condición de templos del automovilismo.
Esa historia no está en disputa. Lo que cambió fue el lugar donde la categoría encuentra buena parte de su impulso contemporáneo. Norteamérica ya no es simplemente una región con cinco Grandes Premios.

Es el territorio donde aprendió a contar historias para nuevas audiencias, adaptó cada carrera a la personalidad de la ciudad, atrajo a marcas globales y diseñó experiencias que comienzan mucho antes de la salida y continúan después de la bandera a cuadros.
Hoy es evidente que una parte decisiva del futuro de la máxima categoría del automovilismo comienza a definirse de este lado del Atlántico.
Estados Unidos
• El número de seguidores ha alcanzado los 52 millones, un aumento del 11% interanual.
• La audiencia en directo de las carreras de la temporada aumentó un 21% en comparación con el promedio de la temporada 2024.
• Estados Unidos es el mayor mercado de Fórmula 1 en cuanto a visualizaciones en YouTube (171 millones de videos en 2025) y seguidores en redes sociales (6.3 millones entre YouTube, Twitter e Instagram); los seguidores en redes sociales han aumentado en este país un 17% interanual.
Canadá
• El primer circuito que recibió a la categoría fue Mosport, en 1967.
• En 1978 el parque público donde se encuentra el Circuit Gilles Villeneuve se adaptó permanentemente para la Fórmula 1.
• La F1 ha anunciado que el Gran Premio de Canadá continuará celebrándose, por lo menos, hasta 2035.
México
• Contribución estimada de 19,840 mdp en derrama a la economía del país.
• Las operaciones de CIE para celebrar el México GP 2025 generaron 3,705 mdp en beneficios económicos.
• El México GP 2025 sustentó 10,649 empleos en la región.
• El México GP 2025 registró una entrada de 401,326 asistentes durante los tres días del evento.
• Desde el 2015, el México GP ha dejado una derrama económica y de exposición de medios acumulada de 157,594 mdp.