
Hace diez años, hablar de tequila premium no significaba necesariamente hablar de cómo se degustaba. La conversación estaba mucho más enfocada en la bebida que en el espacio, el servicio o el ritual que la acompañaban. En ese contexto, Casa Dragones decidió probar algo diferente: abrir una pequeña barra en San Miguel de Allende dedicada exclusivamente a descubrir el tequila con más calma.
Así nació, en 2016, el Casa Dragones Tasting Room, dentro de Dôce 18. Lo que comenzó como un espacio íntimo alrededor de una barra terminó convirtiéndose en una propuesta que ayudó a replantear la manera en que el tequila podía presentarse y disfrutarse: no sólo como parte de un cóctel o de un brindis, sino también como una bebida para sentarse, conversar y reconocer sus distintos matices.
Una década después, aquella idea sigue siendo el punto de partida de Casa Dragones para celebrar los diez años de su Tasting Room, una historia que también habla de la evolución del tequila y de la manera en que México ha encontrado nuevas formas de presentar una de sus bebidas más representativas.
San Miguel de Allende como punto de partida
Para entender el Tasting Room hay que empezar por el lugar donde nació. Desde sus orígenes, Casa Dragones encontró en San Miguel de Allende un espacio de inspiración y pertenencia.
La ciudad reúne arquitectura, tradición artesanal, gastronomía y una escena de hospitalidad en la que lo histórico y lo contemporáneo conviven de manera natural.
Fue ahí donde la marca decidió instalar su primera experiencia de degustación en 2016, dentro de Dôce 18, una colección de boutiques de lujo, galerías de diseño y restaurantes ubicada en un edificio histórico del centro de la ciudad.

La elección del lugar no fue casual. La propuesta de Casa Dragones buscaba presentar el tequila desde una perspectiva contemporánea, pero sin desprenderlo de las tradiciones y del trabajo artesanal que existen detrás de su elaboración.
El Tasting Room se convirtió así en una extensión de esa filosofía: un espacio donde el tequila y la cultura mexicana pudieran encontrarse con el diseño y una determinada idea de hospitalidad.
Una barra pequeña para una experiencia más pausada
La escala del lugar es, quizá, uno de sus rasgos más particulares. Casa Dragones lo ha denominado “el bar de tequila más pequeño del mundo”, precisamente por las dimensiones de una barra pensada para recibir a pocos visitantes a la vez.
Aquí la idea no es pasar rápidamente de una bebida a otra. El formato está pensado para detenerse y prestar atención a lo que hay en la copa.
La degustación permite acercarse a las distintas expresiones de Casa Dragones desde sus aromas, sabores y matices, pero también conocer las historias que hay detrás de cada una. En ese sentido, el Tasting Room propone una experiencia más cercana a la lógica de una cata que a la de un bar convencional.
Hace diez años, esa forma de presentar el tequila ayudó a ampliar la conversación alrededor de una bebida que comenzaba a ganar mayor presencia dentro de los espacios de gastronomía y hospitalidad de alta gama.
El diseño también cuenta la historia
La experiencia no termina en la barra. El propio espacio fue concebido para hablar del origen del tequila a través de sus materiales.
El diseño estuvo a cargo de Meyer Davis, firma internacional que desarrolló una interpretación del territorio de Casa Dragones a partir de texturas, materiales y elementos vinculados con el paisaje mexicano.

Uno de los principales protagonistas son los más de 4,000 mosaicos de obsidiana hechos a la medida, diseñados por la reconocida diseñadora mexicana Gloria Cortina.
La obsidiana procede de los campos de Casa Dragones en Tequila, Jalisco. De esta manera, una materia vinculada con el territorio donde nace el tequila llega hasta el centro histórico de San Miguel de Allende.
Los mosaicos aportan profundidad y textura al espacio, pero también funcionan como un vínculo entre el lugar donde se degusta y el lugar de origen de la bebida. La intención es que el visitante pueda percibir esa conexión a través de los materiales y del entorno. En el Tasting Room, por eso, el diseño no está separado de la degustación. Es parte de la experiencia.
Una década detrás de la barra
Durante estos diez años, el Tasting Room también ha servido como punto de encuentro para bartenders y profesionales de la hospitalidad.
Uno de los proyectos que mejor representa esta faceta es su programa de residencias de bartenders, que comenzó junto con el reconocido mixólogo Jim Meehan, fundador de PDT en Nueva York.


A partir de entonces, la barra recibió a diferentes figuras de la coctelería internacional, entre ellas Dave Arnold, de Booker and Dax; Isaac Martínez, de Hanky Panky, y José Luis León, de Limantour.
La dinámica permitió que cada bartender llevara su propia perspectiva al espacio y explorara distintas posibilidades alrededor del tequila. El resultado fue una conversación que trascendió la degustación tradicional y se acercó también al terreno de la creatividad, las técnicas de coctelería y la hospitalidad.
En ese sentido, el Tasting Room no sólo ha funcionado como un lugar para conocer Casa Dragones. También ha sido una plataforma para reunir a profesionales de México y otros países alrededor de la cultura de la barra.
El reconocimiento al espacio
La propuesta del Tasting Room también ha sido reconocida desde el punto de vista del diseño y la arquitectura. El espacio fue nominado a los Best of Year Awards de Interior Design y recibió una Mención Especial en la categoría Hospitality – Bars & Nightclubs de los Architizer A+ Awards.
A lo largo de la década, también ha llamado la atención de medios internacionales como Financial Times, Departures, Travel + Leisure, The Wall Street Journal, Bon Appétit, CNN Travel y Refinery29.
Estos reconocimientos forman parte de la historia del espacio, pero su evolución también se explica por algo menos tangible: las personas que han pasado por aquella pequeña barra durante los últimos diez años.
Una década que se celebra detrás de la barra
Para celebrar el aniversario, Casa Dragones decidió regresar a una de las dinámicas que han acompañado al Tasting Room desde sus primeros años: invitar a otros bartenders a tomar temporalmente el espacio.
La celebración comenzó en agosto de 2026 con una serie de guest bartender takeovers, encuentros que reunirán a distintos profesionales de la coctelería de México y que continuarán durante los próximos meses.
Entre los nombres confirmados están Bertario Martínez, de The Restaurant, en San Miguel de Allende; Ricardo Orozco, de Grupo Anderson’s, en Riviera Maya; Ismael “El Pollo”, de Shhh, en Ciudad de México; Greko Sanata, de Amara, en Los Cabos, e Iván Torres, de Four Seasons Punta de Mita.

Cada encuentro permitirá que los bartenders invitados lleven su propia interpretación de la coctelería al Tasting Room y exploren nuevas maneras de presentar Casa Dragones.
La agenda forma parte de un programa de aniversario que, de acuerdo con la marca, continuará con nuevas colaboraciones, experiencias inmersivas y encuentros especiales a lo largo del año.
Diez años después
La historia del Casa Dragones Tasting Room también coincide con un cambio más amplio en la manera en que el tequila se presenta fuera y dentro de México.
Durante la última década, la categoría ha encontrado nuevos espacios en restaurantes, hoteles y bares especializados, mientras la conversación alrededor de la bebida se ha vuelto más amplia. Ya no se trata únicamente de elegir entre tomarlo solo o combinarlo en un cóctel. También existe un interés creciente por conocer su elaboración, sus características y las diferentes formas de apreciarlo.
El Tasting Room nació precisamente alrededor de esa idea: crear un espacio donde el tequila pudiera disfrutarse con tiempo y atención.
Diez años después, aquella pequeña barra sigue funcionando en el mismo lugar y bajo una premisa similar. Lo que ha cambiado es todo lo que ha ocurrido alrededor de ella: los bartenders que han pasado por ahí, las conversaciones, las colaboraciones y los visitantes que han convertido el espacio en parte de su recorrido por San Miguel de Allende.
Para Casa Dragones, el próximo capítulo comienza en el mismo sitio donde todo empezó: una pequeña barra en San Miguel de Allende, con el tequila al centro y una década de historias detrás.