Una de las últimas obras de Pedro Friedeberg es una botella de tequila

Pedro Friedeberg pasó buena parte de su carrera convirtiendo objetos cotidianos en algo inesperado. Lo hizo con muebles, espacios, pinturas y esculturas, siempre desde ese lenguaje en el que la geometría, la arquitectura y lo fantástico terminaban encontrándose. Uno de sus últimos proyectos llevó esa misma lógica a un terreno distinto: una botella de tequila.

Mono Laberinto Doble es el resultado de su colaboración con Tequila 1800 y una de las piezas finales en las que trabajó el artista. La edición está limitada a 50 ejemplares en todo el mundo, cada uno firmado y numerado, con un precio de 11,000 dólares.

El precio también la coloca fuera de los parámetros habituales de la categoría. Pero para entender esa cifra hay que mirar más allá del tequila que guarda en su interior. La botella, realizada en níquel, es una obra original de Friedeberg, está firmada y numerada individualmente y se entrega con un certificado de autenticidad firmado.

Hay, además, un elemento que modifica inevitablemente la lectura de esta colaboración: Mono Laberinto Doble se encuentra entre los últimos trabajos realizados por el artista antes de su fallecimiento en 2026.

Pedro Friedeberg y una botella convertida en escultura

Durante más de siete décadas, Pedro Friedeberg desarrolló un lenguaje difícil de separar de la arquitectura, la geometría, el surrealismo y cierta fascinación por construir objetos que desafían su función original.

Basta recordar su conocida silla en forma de mano para entender una trayectoria en la que mobiliario, arquitectura, pintura y escultura podían mezclarse sin demasiadas fronteras.

Esa misma lógica aparece en Mono Laberinto Doble. De acuerdo con la información de la marca, el diseño parte de los primeros acercamientos de Friedeberg con la arquitectura y recupera algunos de los códigos visuales que atravesaron su trabajo: estructuras geométricas, símbolos, laberintos y formas fantásticas.

La relación entre el artista y 1800 tampoco comenzó con esta pieza. Friedeberg había colaborado con la casa desde 2017, cuando participó en la serie 1800 Milenio Artist en México.

Esta nueva botella prolonga aquel vínculo, pero desde otro terreno: ya no se trata simplemente de trasladar una obra a un envase, sino de hacer del propio contenedor un objeto escultórico.

La colaboración encaja también dentro de una estrategia que 1800 ha desarrollado durante años alrededor del arte. Su programa de ediciones especiales ha utilizado la botella como soporte para distintas expresiones visuales y colaboraciones con artistas, estableciendo un diálogo entre el tequila y el coleccionismo que aquí alcanza una escala distinta por el número de piezas y la participación directa de Friedeberg en el objeto.

¿Y qué tequila hay dentro de Mono Laberinto Doble?

Aunque buena parte de la atención está inevitablemente puesta en el trabajo de Friedeberg, dentro de la escultura hay un 1800 Extra Añejo seleccionado para esta edición.

El tequila parte de agaves cocinados lentamente en hornos de mampostería y, después de la destilación, pasa un mínimo de tres años en diferentes tipos de barrica.

Por un lado, se emplea roble americano nuevo con tostados medio y alto; por otro, barricas de roble francés que anteriormente contuvieron Amarone, el vino tinto italiano elaborado principalmente en la región del Véneto.

Ese segundo paso introduce una influencia menos habitual dentro del añejamiento del tequila. Según las notas proporcionadas por la propia marca, el resultado presenta perfiles de roble, agave cocido, miel y ciruela pasa, además de un toque de vainilla. Se embotella a 40% de alcohol por volumen y cada pieza contiene 700 ml.

Solo existen 50 y cuestan 11,000 dólares cada una

La producción de Mono Laberinto Doble se limita a 50 ejemplares para todo el mundo. Cada botella está firmada y numerada y cuenta con su correspondiente certificado de autenticidad.

Con un precio de 11,000 dólares, la edición se sitúa en un territorio donde el valor no depende únicamente del líquido. El componente artístico, la autoría de Friedeberg, el proceso de fabricación de la botella y una tirada de apenas medio centenar de unidades forman parte de la ecuación.

De hecho, la propia naturaleza del proyecto acerca Mono Laberinto Doble al funcionamiento de una edición artística: existe un número cerrado de piezas y, una vez adquiridas las 50 disponibles, la colección queda definitivamente cerrada.

Cuando el tequila se acerca al coleccionismo de arte

El lanzamiento llega además acompañado por The Art of Tequila: The Spirit of Mexico, un libro publicado por Assouline que explora la relación entre el tequila, la cultura y el arte mexicano.

En ese contexto, Mono Laberinto Doble funciona como una continuación de una conversación que 1800 mantiene desde hace años con artistas contemporáneos, aunque esta vez con una circunstancia particular: la botella pertenece a la etapa final de la producción de Pedro Friedeberg.

Más que utilizar su obra simplemente como elemento gráfico, la colaboración traslada parte de su universo creativo a un objeto tridimensional que, además, conserva su función original.

Sigue siendo una botella de tequila, sí, pero también una de las 50 piezas numeradas de uno de los últimos proyectos en los que trabajó el artista mexicano.