
Visitar una brasserie el Día de la Bastilla puede parecer una alternativa ideal, incluso si ese día coincide con la eliminación de la selección francesa del Mundial de Futbol, bromea Eamon O’Dea al interior de Brasserie Côte, su restaurante ubicado en el barrio The Annex. En la mesa, un plato con anchoas montadas sobre una base de papa (jugosa y crujiente por igual). Al presentar el espacio, el empresario se detiene en su ubicación favorita y esboza una sonrisa de orgullo: “Esta barra fue traída en dos piezas y es el elemento central de nuestra atmósfera”. En eso, una chuleta de cerdo con papas fritas firma la tarjeta de inicio de una inmersión en Toronto.
Al atardecer, de regreso al hotel Park Hyatt, una parada en el Writers Room Bar, en el piso 17 de una de las torres que integra la propiedad, invita a extender la noche con tragos largos, inspiración literaria y vistas urbanas. El cóctel Crónicas del Negroni abre un menú con aspecto de libro antiguo, presentado en capítulos, ante el bullicio de una clientela sin temor al desvelo.
Así es como cierran las persianas del primer día.

Al calor del mezcal
El aroma de la mañana podría ubicarse en un punto intermedio entre energizante y relajante: es Orange Blossom, esencia distintiva de AIRE Ancient Baths, que aporta la dosis de vitalidad necesaria para recorrer los senderos acuáticos del espacio. Al interior, da inicio un circuito de piscinas, áreas húmedas y cabinas de tratamiento para masajes, que se recorren lo mismo en grupo que en solitario, entre ventanas y puertas de aspecto antiguo situadas en lugares inesperados.

Cerca del mediodía, el arribo al Art Gallery of Ontario se vive aún con la sensación omnipresente del agua en la piel. Además de la instalación Infinity Mirrored Room – Let’s Survive Forever, firmada por Yayoi Kusama, dos muestras temporales recomendadas por Andrea-Jo Wilson, representante de Relaciones Públicas del museo, completan el recorrido: la primera, el debut del artista canadiense Ranbir Sidhu con la exposición Ranbir Sidhu: No Limits, cuya obra monumental expone visiones futuristas y reflexiones universales forjadas con metal y tecnología. La segunda, Diego Marcon: The Bubble Boy, ubicada en el piso de acceso, recrea aspectos de la vida cotidiana protagonizados por seres improbables, como una pareja de topos dispuesta a enumerar por la eternidad y un guardarropa que danza de forma siniestra. El camino a la salida del museo se vive con los loops infinitos de Marcon taladrando la cabeza.
Al anochecer, el cierre de la jornada conduce a un espacio célebre en la escena local: Quetzal, con una estrella Michelin y comandado por un chef carismático que ama la cocina mexicana, Steven Molnar, quien se une a la mesa para resaltar algunos aspectos de su restaurante. Entre ellos, el proceso diario de nixtamalización, realizado in situ; su devoción por la cocina de humo, expresada en un horno de leña que domina la estancia central; y su pasión por Oaxaca, en especial, por uno de sus hijos pródigos: el mezcal. Y con su recomendación puntual, la noche cierra con las notas del agave latiendo en los labios.

El piano que desafía la gravedad
Joël León Danis, arquitecto, académico e investigador de origen venezolano, es Executive Director de la Toronto Society of Architects y un entusiasta del desarrollo comunitario que abre un espacio en su agenda para conducir un recorrido por el trazo urbano de la Universidad de Toronto, específicamente en el Campus St. George. El camino atraviesa The Royal Conservatory of Music a través del corredor Evelyn and Burt Lavis, donde se ubica la cafetería B Espresso Bar y se aprecia un piano de cola Steinway de finales del siglo XIX incrustado verticalmente en una de las paredes.

La caminata continúa hacia la Thomas Fisher Rare Book Library, cuyo exterior brutalista contrasta con el interior, dominado por estanterías repletas de libros y documentos históricos. Después, la marcha conduce al King’s College Circle, un espacio al aire libre que abraza la evolución del entorno y se revela como el alma de la vida universitaria del campus St. George.
Un par de horas después, en busca de nuevas directrices artísticas, el acceso principal del Museum of Contemporary Art Toronto (MOCA) ofrece un encuentro frontal con la obra de la artista coreana Kimsooja, a través de la exposición Dimensions of a Needle. Un tendido de textiles estampados con patrones alude a múltiples regiones del planeta, junto a pequeños bultos coloridos rellenos de ropa (bottari) dispersos en el piso. A un costado, una estación complementaria invita a tocar las texturas plasmadas en la instalación, junto a otra de video en la que Kimsooja parece anclada al piso en medio de un mar de gente en movimiento.
Antes de partir hacia nuevas coordenadas, Forno Cultura MOCA sale al paso como un escaparate de pastelería artesanal de tradición italiana que conjuga los saberes del pan de masa madre y, además, sirve un gran espresso.

Con el apetito intacto, la llegada a Alo revela una de las facetas más logradas de la alta cocina canadiense bajo la mirada infatigable de Patrick Kriss, quien lo observa todo desde la cocina abierta. Tras conversar con el cocinero y resaltar la riqueza sensorial del Pato Pekín y el Mille-Feuille de foie gras, con vino del Jura y espárragos de Ontario, el chef lanza una recomendación inesperada: probar la que, a su juicio, es una de las mejores hamburguesas gourmet de la ciudad en Aloette, en el mismo edificio histórico de Spadina Avenue y parte de Alo Group.
Sin haber seguido aún la recomendación del cocinero, una caminata nocturna por el Campus St. George revela una intensidad inusual en el pulso de la metrópoli. Es viernes por la noche y Toronto lo sabe.