
Mucho antes de que Ferrari se convirtiera en sinónimo de velocidad, antes de que la Fórmula 1 existiera como la conocemos hoy y antes de que Italia fuera considerada una potencia del diseño automotriz, ya estaba Alfa Romeo.
Desde 1910, la marca ha sido protagonista de algunos de los capítulos más importantes de la historia del automóvil. Por eso, hablar de sus 116 años no es únicamente hablar de una empresa, sino de una firma que ayudó a definir la manera en que entendemos los autos deportivos, la competición y el diseño italiano.
En un momento en el que el sector automotriz atraviesa una profunda transformación marcada por la electrificación y las nuevas tecnologías, la firma italiana mira hacia atrás para recordar algunos de los episodios que ayudaron a definir su identidad desde su nacimiento en Milán, en 1910.
El origen de Alfa Romeo en Milán
La historia comenzó el 24 de junio de 1910 bajo el nombre de A.L.F.A. (Anonima Lombarda Fabbrica Automobili). Desde sus primeros años, la compañía mostró una estrecha relación con la competición. Su primer automóvil, el 24 HP, ya superaba los 100 km/h y apenas un año después participaba en carreras.

También en aquel periodo nació uno de los elementos más reconocibles de la marca: su escudo. La historia cuenta que Romano Cattaneo, uno de los primeros colaboradores de la empresa, tomó dos símbolos históricos de Milán —la cruz roja de la ciudad y el Biscione de la familia Visconti— para crear un emblema que más de un siglo después sigue identificando a Alfa Romeo.
La inspiración del nombre
La Primera Guerra Mundial transformó profundamente la industria europea y también el destino de la compañía. En 1920, el empresario Nicola Romeo tomó el control de la firma y su apellido pasó a formar parte del nombre oficial.

Fue así como nació Alfa Romeo, la denominación que acompañaría a la marca durante las siguientes décadas y que terminaría convirtiéndose en una referencia dentro del automovilismo mundial.
El trébol de cuatro hojas
Uno de los símbolos más conocidos de Alfa Romeo surgió gracias a una creencia personal. Antes de disputar la Targa Florio de 1923, el piloto Ugo Sivocci pintó un trébol de cuatro hojas en su automóvil como amuleto de buena suerte.

La victoria en aquella carrera convirtió al Quadrifoglio en un emblema inseparable de los modelos de competición de la marca y, con el paso del tiempo, en la insignia de sus versiones más deportivas.
Antes de Ferrari, estuvo Alfa Romeo
La historia del automovilismo italiano también guarda un vínculo poco conocido entre Alfa Romeo y Enzo Ferrari.

Mucho antes de fundar la marca que lleva su apellido, Ferrari compitió como piloto de Alfa Romeo y posteriormente dirigió la Scuderia Ferrari, que en sus primeros años funcionó como el equipo oficial de competición de la firma milanesa. Una relación que dejó una huella importante en la historia del deporte motor.
La Fórmula 1 y el cine
La llegada de la Fórmula 1 reforzó aún más el prestigio deportivo de Alfa Romeo. La marca conquistó los dos primeros campeonatos mundiales de la categoría con Nino Farina y Juan Manuel Fangio.
Años después llegarían modelos como el Giulietta, que acompañó el crecimiento económico de la Italia de posguerra, y el 33 Stradale de 1967, una de las creaciones más influyentes en la historia del diseño automotriz.

Ese mismo año, el Spider Duetto apareció en la película The Graduate junto a Dustin Hoffman, contribuyendo a que Alfa Romeo trascendiera el mundo de los automóviles para convertirse también en un referente cultural.
Una nueva etapa para la marca italiana
Más de un siglo después de su fundación, Alfa Romeo continúa escribiendo nuevos capítulos. El regreso del 33 Stradale en 2024, limitado a 33 unidades, recuperó una de las páginas más recordadas de su historia, mientras que modelos recientes como el Tonale y el nuevo Junior reflejan la evolución de la marca hacia la electrificación.

A 116 años de su nacimiento, Alfa Romeo sigue siendo una de esas firmas cuya historia puede recorrerse a través de carreras, símbolos, diseños y personajes que ayudaron a moldear buena parte de la cultura automotriz moderna. Una historia que comenzó en Milán en 1910 y que, por ahora, continúa escribiéndose.