Fundada en Roma en 1884, Bvlgari ha construido una identidad propia al combinar la herencia artística de la ciudad con una visión audaz del diseño. Su historia se reconoce en el uso expresivo de los materiales, las formas geométricas y la capacidad de reinterpretar técnicas tradicionales sin dejar de experimentar. Esa filosofía atraviesa tanto su trabajo en joyería como su incursión en la alta relojería, dos disciplinas en las que la belleza depende también del dominio técnico. Así, el reloj Octo Finissimo de 37 mm, con su movimiento ultrafino, y el brazalete Tubogas, con sus espirales de oro sin soldadura, revelan dos facetas de esa misma búsqueda: convertir la precisión artesanal en diseños que perduran.
El arte detrás de cada creación
En Bvlgari, el trabajo artesanal comienza mucho antes de que una pieza esté terminada. Sus artesanos combinan conocimientos técnicos, sensibilidad estética y creatividad para transformar materiales excepcionales en creaciones que perduran. En joyería, esto implica estudiar cada mineral o gema para aprovechar su color, talla y volumen, y engastarlos a mano con precisión. La búsqueda de equilibrio entre belleza y funcionalidad también guía el desarrollo de técnicas que mantienen su esencia mientras encuentran nuevas aplicaciones, como demuestran dos de sus creaciones más representativas.


La precisión detrás de Octo Finissimo
Reducir las dimensiones de un reloj sin comprometer su carácter es un desafío que exige replantear cada detalle. Octo Finissimo de 37 mm conserva la arquitectura geométrica inspirada en Roma y la ergonomía contemporánea de la colección original, presentada en 2014, en un volumen 20% menor que el de la versión de 40 mm. Con un peso de apenas 65 gramos, incorpora un brazalete rediseñado con cierre de botón y sistema de atornillado. Está disponible en titanio arenado, titanio satinado pulido y oro amarillo de 18 quilates, además de una versión Minute Repeater en titanio arenado.


En su interior trabaja el calibre automático BVF 100, desarrollado y validado durante tres años en los talleres de la manufactura suiza de Bvlgari. Con un grosor de 2.35 mm y un diámetro de 31 mm, integra un microrrotor y ofrece una reserva de marcha de 72 horas. La atención al detalle también se aprecia en sus acabados Côtes de Genève, cuyas líneas radiantes recorren los puentes y la platina principal. Cada componente responde a una arquitectura en la que la reducción de volumen debe convivir con el rendimiento mecánico y la precisión.
Tubogas: el dominio del metal
Desde la década de 1940, Bvlgari ha reinterpretado la técnica Tubogas a través de un diseño que combina flexibilidad, innovación y maestría en el trabajo con oro. Sus distintivas espirales se construyen con finas bandas de metal precioso entrelazadas con precisión, sin necesidad de soldaduras. Esta forma de dar estructura y movimiento al material exige un dominio técnico que convierte una construcción inspirada en el diseño industrial en una pieza de joyería.


Disponible en oro amarillo, blanco y rosa de 18 quilates, el brazalete conserva la esencia de una técnica tradicional mientras demuestra cómo Bvlgari puede reinventarla con una visión contemporánea. Sus espirales articulan estética y funcionalidad en una pieza que mantiene su identidad a través de distintas interpretaciones, prueba de que la innovación también puede consistir en encontrar nuevas posibilidades para un saber hacer que ha perdurado durante décadas.


Octo Finissimo y Tubogas parten de oficios distintos, pero comparten una misma exigencia: dominar la técnica para dar forma a diseños con personalidad propia. En ambos, la maestría artesanal de Bvlgari se reconoce tanto en el resultado como en el conocimiento que hace posible cada creación.








