Esta es la isla croata que está conquistando a los viajeros de lujo

Lejos de la costa dálmata, a una hora de ferry de Split, se encuentra Hvar, una isla de la que muchos piensan saber todo y ese tipo de islas que tienen reseñas por sus veranos y sus paisajes, muy a menudo sin conocer el panorama completo. Los yates y la escena nocturna nunca fueron la única historia. La isla ya cautivaba a viajeros serios mucho antes de que alguien pensara en construir allí un beach club. Los griegos acudieron antes de Cristo, y los olivos que plantaron siguen produciendo aceite hoy en día. Los venecianos acudieron por negocios y estrategias comerciales, valorando la importancia de Hvar como encrucijada del Adriático. Los austrohúngaros acudieron por el sol y el aire del mar, contribuyendo a hacer de Hvar uno de los primeros destinos de turismo de salud del Mediterráneo. Además de los beach clubs y de los titulares veraniegos, hay otra cara de Hvar: atardeceres sobre el Adriático, aguas cristalinas donde nadar y un paisaje agrícola tan notable que la UNESCO reconoció una parte de él como sitio del Patrimonio de la Humanidad. El Adriático es el hogar de varias islas maravillosas, cada una con su propio carácter y Hvar no forma una excepción. 

Hvar destaca por tener más de 2 mil 800 horas de sol al año, cualidad que hace de ella uno de los lugares más soleados de Europa y los tripulantes de chárter lo saben bien. Asimismo, lo saben los viticultores de las laderas sureñas, donde la luz y la caliza se unen para producir vinos tintos que han empezado a aparecer, fuera de Croacia, en importantes listas de caldos. 

El tipo de personas que viajan en chárter por el Adriático suelen pararse en Capri, Mykonos y las Baleares. Saben lo que es precioso y no se impresionan fácilmente. La costa croata lleva los últimos dos decenios preparándose y Hvar sigue dando ejemplo. Un puerto que está equipado para yates de clase, una ciudad que se deja apreciar más tan solo andando y un interior donde se producían vinos y aceites de gran calidad mucho antes de que alguien pensara amarrar aquí una embarcación de lujo. 

Islas Pakleni, donde acuden los yates 

Las islas Pakleni están a unos diez minutos en barco de la ciudad de Hvar y son una parada popular entre los visitantes, con muchos yates que fondean allí durante el día. Veintiuna entre islas e isletas, un paisaje natural protegido, cubierto por bosques de pinos con pequeñas caletas claras y el más azul de los mares. 

Sveti Klement es la isla más grande y tiene un puerto deportivo bien gestionado en su parte norteña, en la zona de Palmizana, bastante discreto para que solo lo notes en cuanto lo necesites. En las caletas sureñas está la aglomeración de superyates que atraca de día. Almuerzo en la cubierta, braceos, nada programado. En la temporada alta, sigue manteniendo una atmósfera privada, que cualquiera trató de atracar cerca de Positano en julio podría apreciar. 

Vino, aceitunas y espliego: el verdadero lujo de Hvar 

Lo que diferencia Hvar de los demás destinos del Adriático es, por sorpresa, su historia agrícola y su influencia en la gastronomía de hoy en día, precisamente el motivo por el cual los chárteres tocan su suelo.  

Puede que suene demasiado precipitado, pero planifica tu viaje en consecuencia: llévate una maleta extra para todo lo que sigue, ya que hay una gran posibilidad de que tu única maleta no sea suficiente.  

Todo empezó el la llanura de Stari Grad, que se encuentra en el centro de la isla. Los griegos de Paros, los que colonizaron la isla en el siglo IV a. de C., partieron la tierra en parcelas, construyeron paredes linderas de piedra seca y plantaron olivos y vides. Se ha cultivado sin parar hasta hoy, por 2.400 años. Las paredes siguen en pie. La UNESCO la clasificó en la lista de los Patrimonios de la Humanidad en 2008, acontecimiento que confirmó lo que los campesinos lugareños sabían desde hace siglos: este es uno de los antiguos paisajes agrícolas mejor conservados de todo el Mediterráneo.

El aceite de oliva que se produce de estos olivares es el aceite auténtico. Extraído en frío, extra virgen y, en algunos casos, galardonado en el Concurso Internacional de Aceite de Oliva de Nueva York. La isla cuenta con alrededor de 220.000 olivos y más de 900 productores, lo que da una idea de la seriedad con la cual se toma aquí su cultivo. Pararse por una granja local de aceite y asegurarse unas botellas para llevar es un desvío que merece la pena. 

Luego viene el vino. La bogdanuša es una variedad de uva blanca que crece casi exclusivamente en Hvar, principalmente cerca de Jelsa y Vrboska. Da lugar a un vino único, pálido y mineral, bajo en contenido alcohólico, salino por los terrenos de caliza y el aire marino. Es una variedad de vino difícil de describir con palabras y que solo adquiere su significado en el momento en que te sientas delante de un plato de pescado fresco con tu copa en la mano. Por lo que concierne las uvas tintas, la Plavac Mali, originaria de la costa sureña de Hvar, se confirma por excelencia la uva tinta de la región. Esa uva genéticamente indígena, emparentada cercanamente con la Zinfandel, produce vinos con cuerpo y muy tánicos en las terrazas de caliza agostadas por el sol de la costa meridional de Hvar. 

El espliego se convirtió en un cultivo comercial luego, en el siglo XX, complementando los viñedos y los olivares que definieron la isla por generaciones. La variedad que crece allí es lavandín, distinta de la lavanda provenzal y valorada por su rendimiento y versatilidad. En Hvar, se ha utilizado sobre todo en aplicaciones farmacéuticas y cosméticas, además de formar parte del paisaje agrícola de la isla. Las destilerías lugareñas, de aldeas como Brusje y Velo Grablje, trabajan el espliego para los mercados farmacéuticos y cosméticos desde la mitad del siglo, cuando su cultivo interesaba solo casi un quinto de la isla. 

Elige tu versión de Hvar 

Donde alojarte en Hvar depende, en realidad, de lo que busques. En la costa norteña más quieta, cerca de Stari Grad, una puñada de resorts boutique se halla dentro de pinadas y olivares. Aunque se posicionen en el segmento más alto del mercado, se lo merecen por su oferta. Huertos biológicos. Instalaciones termales. Piscinas privadas. Muchos visitantes que llegan del mar eligen esta parte de la isla. 

En la misma ciudad de Hvar, las opciones están agrupadas alrededor del puerto y de la plaza principal. Es la sede de los hoteles de lujo más renombrados, elegantes inmuebles históricos, villas contemporáneas y una amplia gama de apartamentos de propiedad privada, entre los que se incluyen varios pequeños hoteles históricos ubicados en palacios y edificios de piedra renovados, algunos con vistas al puerto y otros frente a la Pjaca. Las propiedades frente al mar se encuentran cerca de los amarres de los superyates y ofrecen una base cómoda para quienes desean alojarse cerca de las principales atracciones de la isla. 

Tardes lentas como en ningún otro lado 

Hvar sigue siendo bulliciosa después del atardecer, pero, poco a poco, los visitantes vienen por mucho más que una noche de fiesta. Restaurantes, vinos lugareños, terrazas iluminadas por la puesta del sol y un calendario cultural rico describen muchas de las más memorables noches de la isla. Hay una razón por si la cocina mediterránea está en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, ya que destaca por sus valores de hospitalidad, vecindario, diálogo intercultural, creatividad y una vida que se funda en la comunidad. 

Los restaurantes del puerto que fueron el hito para los mariscos dálmatas de aquí por casi treinta años siguen siendo la mejor opción para cenar. Pescado del día, rico Plavac Mali, tablas que están rebosantes hasta tarde. Después de tres decenios siguen estando repletos cada noche. El pescado es fresco, el vino es local y nadie intenta reinventar nada. 

¿Por qué ahora? 

Algo es seguro. Hvar tiene instalaciones para viajes de lujo de verdad. El puerto, los hoteles, las islas Pakleni, los restaurantes y la hospitalidad profundamente arraigada en la población lugareña. Pero lo que la distingue de otros destinos del Adriático es su esencia, su propósito, su historia. Seis patrimonios culturales materiales e inmateriales de la UNESCO, desde los encajes bordados únicamente por las monjas del monasterio benedictino hasta los cantos de música klapa que se oyen por casi todo rincón. Es más que un simple destino bonito. Es un lugar con una profunda identidad, donde las cosas de las que se disfruta no existen tan solo para mostrarse. Son el resultado de generaciones y generaciones de patrimonio y costumbres locales que hoy ofrecen lo que los huéspedes desean más: vino y aceite galardonados, cultivos tan intactos que la UNESCO los protegió e historia en cada paso.  

La mayoría de los destinos mediterráneos puede ofrecer un puerto maravilloso, un buen restaurante y una cama cómoda. Hvar ofrece algo que resulta especialmente valioso hoy en día: un destino que siguen estando arraigado en su entorno, forjado por más de 2 mil 400 años de historia. Su mayor lujo no es lo que puedes añadir a tu vida, sino lo que te permite dejar algo atrás: el frenesí.