
Durante años, el lujo estuvo asociado a la opulencia visible: grandes nombres, escenarios extraordinarios y una atención impecable basada en estándares estrictos. Sin embargo, la industria de la hospitalidad ha cambiado. Hoy, los viajeros más exigentes buscan algo más difícil de replicar: autenticidad, conexión y experiencias que permanezcan en la memoria.
Para Leandro Livschitz, Gerente General de Palacio Duhau – Park Hyatt Buenos Aires, esta transformación representa una evolución natural de la hospitalidad de lujo: pasar de una excelencia basada únicamente en estándares impecables hacia una experiencia más humana, intuitiva y personalizada.
El 20 aniversario
Este nuevo paradigma coincide con un momento especial para la propiedad, que celebra su 20º aniversario como uno de los referentes de la hotelería de lujo en la región.
Para conmemorar dos décadas de historia, el hotel ha diseñado una serie de experiencias que celebran su legado y refuerzan una idea central: el verdadero lujo es aquel que logra conectar con cada huésped y permanecer en su memoria mucho después de la estancia.
Para conmemorar el 20º aniversario de Palacio Duhau – Park Hyatt Buenos Aires, el hotel llevará adelante una celebración que refleje su herencia y relevancia cultural, al mismo tiempo que proyecte su visión hacia los años venideros.

El ciclo de celebraciones culmina con la realización del “Masters of Food & Wine”, el evento insignia de Park Hyatt, que reunirá el 23 de septiembre a propietarios, autoridades, embajadores, empresarios, clientes y prensa.
Cómo conectar el lujo con la experiencia humana
Leandro, con una trayectoria vinculada a algunas de las propiedades más reconocidas de la región y del mundo, ha observado cómo el lujo dejó de depender únicamente de la perfección operativa para convertirse en una experiencia más humana.
“El nuevo lujo tiene que ver con la experiencia, no tanto a la transaccional sino a un servicio más intuitivo, es decir genuino”, explica. “Hoy el huésped busca lugares que quizá antes no eran considerados lujo porque no pertenecían necesariamente a grandes marcas, pero que ofrecen algo único”.
Bajo esta nueva visión, la hospitalidad dejó de ser únicamente una secuencia de servicios para convertirse en una lectura constante del huésped: entender sus necesidades, anticiparse a sus deseos y crear momentos personalizados. Para lograrlo, Livschitz señala que la formación de los equipos es clave.

“Hay que tener estándares claros, bien practicados y entrenados. Después viene observar cómo se está haciendo ese servicio, evaluarlo y mejorar continuamente”, comenta. Pero más allá de los procesos, destaca que el verdadero diferencial está en enseñar a los equipos a salir de la transacción y pasar a la intuición, la escucha y la empatía.
En una época donde muchos viajeros ya han recorrido los mejores hoteles del mundo, sorprenderlos requiere algo más que una atención impecable. Para Livschitz, la diferencia está en la capacidad de conocer realmente a cada persona: “El servicio ya no tiene que ser transaccional. Hay que conversar, preguntar, entender y adaptar la experiencia a cada huésped”, asegura.
Buenos Aires atrae más mexicanos
Esa filosofía también se refleja en la manera en la que Palacio Duhau recibe a sus visitantes internacionales. En particular, el viajero mexicano se ha convertido en un mercado cada vez más relevante para Buenos Aires.
Livschitz explica que existe una conexión especial entre ambos destinos, impulsada por intereses compartidos como la gastronomía, el vino, la cultura y las experiencias urbanas: “Con el público mexicano vemos una atracción muy importante hacia Buenos Aires. Sabemos que existe un interés por el mundo del vino, por eso trabajamos en experiencias especiales de vinos especiales dentro del hotel”, cuenta.

La propuesta busca unir la cocina con los sabores argentinos y crear momentos diseñados alrededor de cada visitante. La personalización, dice, es una de las grandes claves del lujo contemporáneo.
El crecimiento del viajero mexicano en Buenos Aires también responde a la diversidad de experiencias que ofrece la ciudad. Muchos llegan para disfrutar algunos días en la capital argentina y después continúan hacia destinos como Mendoza, las Cataratas del Iguazú o la Patagonia; parejas y grupos de amigos encuentran en Buenos Aires una combinación de gastronomía, arte, deporte y vida cultural. Una ciudad donde cada barrio tiene una identidad propia y donde la experiencia comienza incluso desde caminar sus calles.
“Nosotros estamos en La Recoleta, un barrio que se puede recorrer caminando. Hay museos, galerías y una gran oferta cultural. Palermo, Puerto Madero y La Boca tienen personalidades completamente distintas”, explica.
Para Livschitz, la esencia de Buenos Aires está precisamente en esa mezcla: una ciudad que puede ofrecer desde restaurantes y bares reconocidos hasta espectáculos de tango, fútbol y propuestas culturales.
Y aunque la tecnología continúa transformando la industria, considera que existe algo que seguirá siendo irremplazable: la conexión humana. La inteligencia artificial puede facilitar procesos, pero no sustituye la capacidad de un equipo para entender a una persona y crear una experiencia única.
Al hablar de Buenos Aires para un viajero que llega por primera vez, Livschitz lo resume en una frase: “Buenos Aires te sorprende”. Una ciudad que, para él, invita a quedarse más tiempo del planeado y descubrir una riqueza cultural, gastronómica y humana que se revela poco a poco.
Porque al final, como concluye, “el lujo es personal”. Y en una industria donde todo parece avanzar hacia la automatización, la verdadera exclusividad sigue estando en aquello que no puede programarse: la capacidad de crear recuerdos.