
Son las 5:30 am y el amanecer se resiste a aparecer en Madrid. La vista desde la terraza —inusual, por su enorme extensión— revela que el silencio también puede andar a sus anchas en Las Salesas, uno de los barrios más animados del centro de la capital española. No hay frío ni calor al comienzo del día, pienso mientras preparo un café en una habitación del Urso Hotel & Spa.
Con el primer aroma del café, advierto que la noche anterior no usé tapones para dormir. Tampoco antifaz. En parte, porque sabía que el jet lag abonaría al descanso, pero también, concluyo, porque advertí una serenidad notable en la habitación, una de las cuatro suites que gobiernan el cuarto nivel de la propiedad.
La primera parada del día es en el Invernadero, un bello restaurante que los fines de semana y días festivos sirve un brunch destacado en la zona, con el sonido relajante de un arpa interpretada en vivo como marco. Esta vez, al inicio de la semana, elijo un desayuno ligero y reconfortante que, me entero más tarde, fue elaborado con productos de la alacena local, abastecida de mercados cercanos y de vocación sostenible.
La ligereza del desayuno, lo confieso, es una elección propia que busca mantenerme listo para la siguiente actividad: una sesión de nado en la piscina techada del Urso Spa, cuya atmósfera proyecta una identidad urbana de acento contemporáneo. De frente al carril de nado, me entretengo observando el interior metálico de la piscina rectangular mientras camino por el agua, abrazado por unas instalaciones de spa revestidas de madera.

Al salir de la propiedad, un par de horas después, la fachada señorial del hotel da cuenta del carácter histórico del edificio, diseñado por el arquitecto José María Mendoza Ussía para alojar a la antigua compañía vizcaína Papelera Española en 1915. El edificio destaca en el Barrio de las Salesas, entre Chamberí, Tribunal y Chueca, justo en el epicentro creativo de la ciudad, cerca del Palacio de Longoria, del Palacio de Villagonzalo y de la Parroquia de Las Salesas. Como si fuera el ojo de un huracán creativo que preserva, intacto, un remanso de paz citadino.
Al regresar al hotel, la belleza clásica del lobby exige una pausa reflexiva para transitar de forma armónica del bullicio de la ciudad a una atmósfera prístina.
El interior del hotel, diseñado por el arquitecto e interiorista Antonio Obrador, exhibe con orgullo el carácter de la propiedad a través de suelos de mármol y azulejos que enmarcan una atmósfera de elegancia clásica, entre otros elementos que no ocultan el paso del tiempo.

Y esta vez, al pasar de las 7 de la tarde, son las notas de un piano cercano las que avivan la belleza de un momento que se antoja imperturbable. Los conciertos de piano forman parte de las amenidades que ofrece el hotel todos los días del año.
Casa Felisa, templo culinario de notable arraigo en la capital española, anticipa el cierre de una jornada exitosa al calor de una cocina muy conocida por sus matices, que la hacen tan entrañable como divertida. Aquí, los platillos conjugan con maestría tradición y creatividad en el diseño de un menú que no deja de sumar adeptos locales e internacionales. Mi favorito absoluto son los macarrones con tomate, chorizo ibérico y queso, un platillo que forma parte de una carta audaz que potencia sus cualidades bajo la guía del sommelier de casa.

Un par de horas después, cerca de las 9 de la noche, desde la terraza del cuarto piso del hotel, observo, entretenido, los destellos dorados de la luminaria urbana, acompañados del murmullo animado de un barrio que luce extrovertido desde las alturas.
Un poco de frío acompaña aquella contemplación nocturna cuando una idea fascinante aterriza en mi cabeza: descender por el elevador histórico de la propiedad para sumarme al concierto de luces y latidos que me roba la atención.
Y la invitación es irresistible. URSO Hotel & Spa cuenta con 79 habitaciones en 10 categorías, incluidas suites con terrazas privadas de hasta 97 m², todas con vistas al exterior y ricas en luz natural.