
Entre Tokio y Bangkok convergen similitudes notables. Al ser cunas asiáticas de vanguardia, ambas capitales reúnen algunos de los mejores hoteles, restaurantes y bares de la escena internacional. Esta vez aterrizamos en dos propiedades con el sello Four Seasons, ubicadas en la cima de la hospitalidad global, para explorar su potencial e inspirar itinerarios paralelos que ameritan volar al otro lado del mundo.
Tokio sibarita
En primer plano, una panorámica fascinante establece un contraste visual equilibrado que anticipa la personalidad de Tokio: a la izquierda, los jardines del Palacio Imperial; a la derecha, el skyline de la metrópoli, vibrante al anochecer. De pie en el piso 39 de la torre Otemachi One, la llegada al Four Seasons Hotel Tokyo at Otemachi se siente como un nuevo ascenso al cielo tras haber descendido del avión apenas unas horas antes.
Una primera parada gourmet en la capital japonesa, sin salir del hotel, conduce al cálido entorno de Pigneto, restaurante italiano. En minutos, la mesa luce llena de platos que compiten por la atención. Entre ellos, una pizza de burrata con crema de trufa y queso Grana Padano DPO atrae por el olfato. Al costado, un chuletón en salsa de vino tinto; un tartar de atún con naranjas y piñones; tagliatelle a la boloñesa con salsa de carne y, finalmente, risotto con gambas. El despliegue culinario ofrece un adelanto de la vena sibarita de la propiedad.
Al ingresar a la habitación, las vistas nocturnas desde un sofá en primera fila del ventanal, de piso a techo, permiten apreciar a detalle cómo el skyline de Tokio bordea los jardines del Palacio Imperial, estableciendo una especie de zurcido luminoso en torno al espacio natural. Al amanecer, poco después de las 6 de la mañana, el efecto visual es contrario: ahora es el verde del bosque el que refulge en el firmamento. El gigante urbano de hierro y concreto parece dormir.
Pigneto posee un menú matutino que incluye un vasto desayuno buffet. Con la vista llena de los árboles que habitan los jardines del Palacio Imperial, un desayuno japonés Shokado Bento despliega una suerte de conjuro protector contra el mal, atendiendo a las creencias y tradiciones locales. El deleite comienza con la contemplación de la caja de madera lacada en cuyos compartimentos se alternan platos calientes y fríos para construir una bella imagen que entrelaza los colores y las texturas de las preparaciones.

La primera escapada desde el hotel conduce a los Jardines Rikugien, un refugio sereno en medio del entramado urbano que los rodea. Construido a principios del siglo XVIII e inspirado en la poesía waka —que evoca los elementos de la tradición poética japonesa—, el jardín despliega senderos que convergen en torno a un estanque monumental. Su estilo, característico del período Edo —nombre original de la ciudad de Tokio—, remite al florecimiento cultural que sentó las bases del Japón contemporáneo. El otoño, cuando un rojo intenso incendia las hojas de arce, y la temporada de floración de los sakura, que en primavera ofrece un espectáculo tan efímero como cautivador, son momentos clave que merecen disfrutarse sin prisa.
Al anochecer, dos nuevos espacios sibaritas anticipan una velada animada dentro de la propiedad, integrante del sello Four Seasons Japan Collection. El primero es el restaurante multigalardonado del chef Guillaume Bracaval: est, que ofrece una interpretación contemporánea de la cocina francesa, concebida en su mayoría a partir de productos del campo y el mar japoneses. El restaurante ostenta una estrella en la Guía Michelin y el Premio a la Excelencia de Wine Spectator en la categoría de Restaurantes, distinciones que avalan su calidad. Destaca, además, su carta de postres, firmada por el chef pastelero Michele Abbatemarco, reconocido como Mejor Pastelero por Gault & Millau en 2024.
El enfoque sostenible de est se manifiesta en una creatividad culinaria orientada a reducir la huella de carbono, con alternativas a ingredientes tradicionales —como la mantequilla— que aquí se traducen en un hummus de soja. Su carta de vinos propone una inmersión en etiquetas japonesas, incluidos vinos naturales procedentes de viñedos de la prefectura de Hokkaido, la gran isla al norte del archipiélago.
El chef Abbatemarco también es responsable de la experiencia de té de la tarde, servida en The Lounge, espacio abierto de la propiedad, con menús de temporada que alternan platillos dulces y salados, y se ha convertido en un favorito local en la zona financiera de la ciudad.
Virtù se ha ganado un estatus legendario en la escena nocturna japonesa. Su atmósfera vibrante y emotiva se despliega entre coctelería de autor y reinterpretaciones de clásicos, enmarcadas por nuevas vistas de la metrópoli. A un costado del acceso principal, frente al salón organizado en torno a una barra central, una puerta conduce a una sala privada con capacidad para diez personas, donde la experiencia se eleva con una mixología de acento franco-japonés. El Yuzu Nagi —elaborado con ginebra, coñac, jugo, amargo y licor de yuzu, cítrico de sabor inconfundible con notas de mandarina y limón— condensa la excelencia de una carta incluida en la World’s 50 Best Bars List 2025 y reconocida por Forbes Travel Guide como uno de los mejores bares del año.
La despedida de Tokio, con el sabor del yuzu en los labios, se antoja insuperable.
Air Canada ofrece la ruta México – Japón – México a través de Vancouver. La vía Vancouver – Tokio (a través del aeropuerto de Narita) opera todo el año y es una de las rutas de acceso más estables hacia el destino oriental.
Bangkok imperturbable
El arribo a Tailandia, poco antes del mediodía, sube el termómetro y la sensación de humedad al instante. El camino hacia el Four Seasons Hotel Bangkok At Chao Phraya River muestra la faz real de una urbe en movimiento ininterrumpido, con un tráfico intenso a lo largo del trayecto. La llegada al hotel, en cambio, revela una serenidad contemporánea que explica el recibimiento que la propiedad ha tenido entre la crítica especializada desde su apertura en 2020, con un palmar de galardones a cuestas que incluyen su nombramiento como el segundo hotel del mundo en el ranking de World’s 50 Best Hotels 2025, y dos llaves en la Guía Michelin Tailandia.
Todos los caminos del hotel desembocan a la vera del río Chao Praya, columna vertebral líquida de Bangkok, en torno al cual reposan su presente y futuro. Al sur de Charoen Krung, el distrito creativo de la urbe, se ubica Chao Phraya Terrace, un espacio al aire libre que permite disfrutar el flujo del río en un entorno apacible, en línea con la atmósfera que se respira en el hotel. Las opciones culinarias favoritas entre sus visitantes incluyen carne y pescado a la parrilla, avivados con madera de lichi, coco y carbón, lo que les confiere una esencia singular. El resto del menú eleva los platillos de la cocina local y anticipa el calibre de la hospitalidad del hotel.

La siguiente parada conduce a BKK Social Club, un bar que rinde un homenaje tan inesperado como sofisticado a Latinoamérica, con especial énfasis en México. Basta saber que la curaduría de su barra implicó meses de expedición por nuestro país para dar forma a una de las cartas de tequila y mezcal más sobresalientes que pueden encontrarse fuera del territorio nacional, nos cuenta con entusiasmo Philip Bischoff, gerente de Bebidas del bar, quien de facto es el anfitrión de un espacio que se distingue por su inquebrantable apego a la calidad, cualidad que le ha valido un lugar en el ranking de World’s 50 Best Bars 2025.
El menú de cócteles de autor de BKK Social Club se divide en categorías como Lugares, con inspiración en Chiapas, Chichén Itzá e incluso en una capilla; Gente, con acentos líquidos inspirados en el tepache y en Frida Kahlo; y Fiestas, que celebran la lucha libre y el Día de Muertos, además de reinterpretaciones de clásicos. Los tragos combinan ron, bourbon, whisky, jerez y destilados como tequila y mezcal, con ingredientes de origen nacional.

A la mañana siguiente, el día comienza con una inmersión en el Bangkok Spa. El Signature Massage es ideal para repeler el jet lag, liberar tensión muscular y disolver el estrés en cada nueva presión. Tras 60 minutos en manos de un terapeuta de casa se logra aprovechar las propiedades de los aceites terapéuticos depositados en la piel. Las instalaciones también incluyen un espacio de vitalidad con alberca climatizada y vapor.
En el Urban Wellness Centre, una piscina de entrenamiento se extiende por 35 metros al aire libre, con carriles de nado confinados que aumentan la concentración de una rutina personal. El gimnasio contiguo, con entrenadores personales disponibles para sesiones uno a uno, ofrece una dosis extra de vitalidad antes de salir a recorrer la ciudad.
Al atardecer, de regreso a la atmósfera serena del hotel, un espectáculo reúne a los huéspedes en el patio central para observar The Ritual of Thai Dance, que presenta la danza clásica local, Kinnari, inspirada en una figura mítica del mismo nombre presente en la tradición budista del sudeste asiático, que evoca a un ser mitad mujer y mitad ave. El ritual se disfruta con el telón de fondo de un patio tropical que conduce al Chao Phraya.

Después del espectáculo, una cita en Yu Ting Yuan permite disfrutar de una comida cantonesa auténtica en un menú degustación creado por el chef Tommy Cheung, entre vistas de la cocina abierta y del espejo de agua que bordea el espacio. La pulida atmósfera contemporánea del restaurante asegura que, desde cualquier ubicación, se acceda a un espacio con vista privilegiada y privacidad a partes iguales. Conviene pedir el maridaje con vino para acentuar la intensidad de la experiencia.
Otros spots gourmet que invitan a probar más sabores del mundo son Palmier by Guillaume Galliot, una brasserie al pie del río cuyo interior revela una elegancia relajada. De su menú destacan clásicos franceses como el pato a la naranja y el bœuf bourguignon, además de una torre de mariscos con ostras, langosta, camarones y langostinos, servidos a elección en una terraza. Y Riva del Fiume, restaurante italiano que también aporta una nota golosa al desayuno y, por las noches, en una atmósfera más relajada, alienta a explorar el destino con el ánimo intacto.
Al cierre de la estancia, de pie en el ventanal de piso a techo de la habitación, la estampa del río, surcado por embarcaciones con turistas prestos a conquistar la noche de Bangkok, deja un recuerdo imborrable.

Explora el distrito Charoen Krung a bordo de un tuk-tuk permite adentrarse en los contrastes de Bangkok. Entre los imperdibles destacan Wat Arun (el templo del amanecer); el Templo de Mármol (en el distrito de Dusit); Wat Pho (Templo del Buda reclinado, colosal con 46 metros de largo y 15 metros de altura); y Wat Phra Kaew, el Templo del Buda Esmeralda, ubicado en el Gran Palacio de Bangkok. Un paseo en el distrito creativo, entre galerías de arte contemporáneo, tiendas de ropa, esculturas monumentales y mercados locales, complementa el viaje.