Blancpain Lady B: el regreso, en grande, de un reloj pequeñito

En 1956, Blancpain encontró una manera de meter uno de los movimientos mecánicos más pequeños jamás producidos en serie dentro de un reloj para mujer. Setenta años después, la Manufactura vuelve sobre aquella misma obsesión por la miniaturización, esta vez con una caja esférica de apenas 2.9 centímetros cúbicos.

Ese es el punto de partida de Blancpain Lady B, el nuevo integrante de la colección Ladybird. Más que una reedición del modelo original, es una reinterpretación de la idea que lo hizo posible: llevar la relojería mecánica a dimensiones extraordinariamente pequeñas sin sacrificar la construcción del movimiento.

La diferencia está a la vista. Lady B no tiene la forma de un reloj redondo convencional. Su caja es una pequeña esfera de 19 milímetros de diámetro y 13.2 de grosor, concebida alrededor de un movimiento automático de manufactura.

Antes de Lady B estuvo Betty

Para entender por qué este lanzamiento importa dentro de la historia de Blancpain hay que regresar a Betty Fiechter. Fiechter ingresó como aprendiz a Blancpain en 1912, cuando tenía apenas 16 años. Con el tiempo se convirtió en propietaria de la Manufactura y, de acuerdo con la historia de la firma, en la primera mujer en dirigir una manufactura relojera suiza.

En 1933, junto con André Leal, adquirió Blancpain en un momento particularmente complicado para la empresa. Años después, tras la muerte de su socio, Fiechter quedó sola al frente de una compañía que contaba con más de 200 empleados.

Su papel fue más allá de mantener la manufactura en funcionamiento. Fiechter entendió que los relojes femeninos podían ser un terreno para la innovación mecánica y convirtió esta especialidad en una de las fortalezas de Blancpain.

En 1950 se incorporó a la empresa su sobrino Jean-Jacques Fiechter. Juntos marcarían una etapa decisiva para la Manufactura: en 1953 apareció el Fifty Fathoms y, tres años después, el Ladybird.

El pequeño movimiento que hizo historia

El Ladybird Bullet de 1956 fue construido alrededor del calibre R55, un movimiento mecánico redondo de apenas 11.85 milímetros de diámetro.

El desafío no consistía únicamente en reducir su tamaño. El movimiento también tenía que ser resistente. Para conseguirlo, Blancpain incorporó una quinta rueda al tren de engranajes y desarrolló un sistema de protección contra impactos para el volante.

El resultado fue un calibre de dimensiones extraordinariamente pequeñas que, según Blancpain, continúa siendo el movimiento mecánico redondo más pequeño producido en serie.

Su tamaño también abrió posibilidades que iban más allá de la relojería tradicional. El Ladybird comenzó a utilizarse en relojes-joya, brazaletes, anillos, colgantes y otras piezas en las que el movimiento podía desaparecer dentro de una composición mucho más cercana a la joyería. La miniaturización dejó de ser únicamente una solución técnica y se convirtió también en una herramienta de diseño.

Una pequeña esfera

Lady B retoma esa filosofía, pero no intenta reproducir el reloj de 1956. Su arquitectura fue desarrollada alrededor del calibre automático de manufactura 615. La caja, el cristal de zafiro, el realce, la correa integrada y la hermeticidad fueron concebidos en conjunto para conseguir que el movimiento pudiera habitar dentro de un volumen muy reducido.

El calibre 615 mide 15.70 milímetros de diámetro y 3.90 de grosor. Está compuesto por 180 componentes y 29 rubíes, funciona a una frecuencia de 3 Hz y ofrece una reserva de marcha de 38 horas. También incorpora una espiral de silicio y presenta acabados Côtes de Genève en sus puentes.

La caja mide 19 milímetros de diámetro y tiene un grosor de 13.2 milímetros. Pero quizá el dato que mejor explica el concepto del reloj es otro: su volumen es de solo 2.9 centímetros cúbicos.

Blancpain desarrolló la caja en dos partes y utilizó más de 30 planos técnicos para conseguir que la construcción prácticamente desapareciera a la vista. El fondo es ligeramente más pequeño que el bisel y la línea de unión queda escondida mediante la combinación de volúmenes y superficies pulidas.

Regreso a los años cincuenta

El Ladybird nació en una década fascinada por la ciencia, la tecnología y las posibilidades del futuro. Era una época en la que el diseño industrial, la arquitectura, el automóvil y la moda comenzaron a explorar formas más orgánicas y redondeadas.

Lady B retoma precisamente ese lenguaje. Su caja esférica funciona como una reinterpretación contemporánea de aquella estética de los años cincuenta, aunque sin intentar convertir el reloj en una pieza vintage.

La carátula sigue esa misma lógica de contención. Es opalina, en un tono beige, y no lleva engastes. Los índices aplicados tipo bastón están fabricados en oro, mientras que las agujas se limitan a indicar horas y minutos.

Sin asas, sin cuarzo

Hay otro detalle que ayuda a entender la construcción de Lady B: no tiene asas tradicionales. La correa de piel de becerro atraviesa directamente la caja mediante una abertura mecanizada de apenas 10 por 1.6 milímetros. El resultado es una construcción continua en la que la correa parece formar parte de la propia esfera.

Está disponible en seis colores —blanco, beige claro, beige oscuro, burdeos, azul clásico y púrpura fucsia— y se presenta con una hebilla de ardillón.

Y, como sucede con todos los relojes de Blancpain, Lady B es mecánico. La Manufactura mantiene desde sus orígenes la decisión de no producir relojes de cuarzo, una filosofía que también atravesó la crisis relojera de los años setenta.

Lady B estará disponible en acero inoxidable y oro rojo 5N. La caja de ambas versiones comparte la misma arquitectura y la misma carátula opalina, con diferencias en el color del oro utilizado para los índices.

Lo importante es que no se trata de una edición limitada. Blancpain lo presenta como el inicio de un nuevo capítulo para la colección Ladybird, coincidiendo con el 70 aniversario de su nacimiento.