Este reloj de alta joyería guarda la hora en secreto

Hay relojes que buscan hacerse notar por su esfera. El Jaeger-LeCoultre 101 Secrets plantea justamente lo contrario: a primera vista, la hora prácticamente desaparece. En su lugar queda una pieza de alta joyería construida alrededor de dos hileras de zafiros rosas y diamantes.

La razón está en su mecanismo secreto. Un pequeño pulsador situado a las 6 en punto activa la apertura de una sección del brazalete, que se desplaza como las páginas de un libro para revelar la esfera. Al soltarlo, vuelve a cerrarse y la indicación del tiempo queda nuevamente oculta entre las piedras.

Es una idea que Jaeger-LeCoultre recupera de su propio archivo de relojes secretos de alta joyería, piezas desarrolladas especialmente para ocultar la esfera y convertir el reloj en un objeto de joyería que solo revelaba su función cuando era necesario.

En el nuevo 101 Secrets, esa idea histórica se encuentra con uno de los capítulos más singulares de la manufactura: el calibre 101.

La miniaturización como punto de partida

El calibre 101 nació en 1929 a partir de la arquitectura Duoplan, desarrollada y patentada por LeCoultre en 1925. Su planteamiento era sencillo en teoría, aunque extraordinariamente complejo en la práctica: distribuir los componentes en dos niveles para reducir considerablemente el espacio necesario para el tren de engranajes.

El resultado fue un movimiento rectangular de dimensiones diminutas. El calibre 101 mide apenas 14 mm de largo, 4.8 mm de ancho y 3.4 mm de espesor, con un volumen aproximado de 0.2 cm³.

La versión contemporánea conserva la arquitectura esencial de aquel mecanismo. Actualmente está compuesta por 98 componentes, cada uno de ellos producido y ajustado teniendo en cuenta las reducidas dimensiones del movimiento. Su ensamblaje requiere alrededor de 40 horas de trabajo especializado y su producción se limita a unas pocas docenas de movimientos al año.

El calibre funciona mediante cuerda manual, ofrece horas y minutos y cuenta con una reserva de marcha de 33 horas. Su volante oscila a una frecuencia de 3 Hz, equivalente a 21,600 alternancias por hora.

Más de nueve décadas después de su creación, el calibre 101 continúa siendo el centro técnico de una familia de relojes en la que la miniaturización no es un recurso estético, sino parte esencial de su identidad.

Mecanismo secreto

En el 101 Secrets, el reto no consistía únicamente en introducir un movimiento diminuto dentro de una caja cubierta de piedras preciosas. Había que conseguir que todo el sistema que permite revelar y ocultar la esfera desapareciera también de la vista.

El mecanismo de apertura está integrado entre las hileras de gemas y se acciona mediante el pulsador oculto en la posición de las 6 en punto. Cuando se mantiene presionado, una sección del brazalete se abre y deja aparecer la esfera de nácar blanco. Cuando se libera, el conjunto vuelve a cerrarse.

La manufactura también desarrolló un segundo mecanismo diminuto para asegurar el brazalete a la muñeca. De esta manera, tanto la indicación de la hora como los elementos mecánicos que permiten descubrirla permanecen ocultos.

Es precisamente ahí donde el 101 Secrets encuentra su particularidad: la complicación no está en añadir una función visible, sino en conseguir que prácticamente todo lo necesario para hacerla posible desaparezca dentro de la joyería.

124 zafiros y 904 diamantes

El lenguaje visual de la pieza está construido alrededor del color. El brazalete de oro rosa de 18 quilates incorpora 124 zafiros rosas, con un peso aproximado de 16.39 quilates, seleccionados en diez tamaños y siete tonalidades diferentes.

La gradación va desde un intenso tono ciclamen hasta un rosa mucho más pálido. Las piedras están distribuidas para crear una transición cromática continua a lo largo del brazalete, mientras una línea de diamantes blancos establece un contraste entre las dos hileras de zafiros.

El engaste también responde a una función óptica. Los zafiros están sujetos mediante engaste en garra, una disposición que permite que la luz penetre en las piedras y contribuya a resaltar sus tonalidades.

A ellos se suman 904 diamantes talla brillante, con un peso aproximado de 13.26 quilates, que recorren el brazalete y enmarcan la pequeña esfera rectangular de nácar blanco cuando esta queda al descubierto.

Todo este trabajo se realizó en el taller Métiers Rares™ de la manufactura y requirió 163 horas de trabajo de engaste.

Alta joyería

El 101 Secrets resume así dos especialidades que durante décadas han formado parte de la historia de Jaeger-LeCoultre: la construcción de mecanismos de dimensiones reducidas y la capacidad de convertirlos en piezas de alta joyería.

La caja mide 29.07 × 12.22 × 9.88 mm y está realizada en oro rosa de 18 quilates. En su interior se encuentra el calibre 101 de cuerda manual, mientras que la esfera de nácar permanece oculta hasta que el mecanismo es accionado.

El resultado es también una continuación de la relación histórica entre relojería y joyería. Desde los relojes ornamentados de las cortes europeas de los siglos XVIII y XIX hasta los relojes de pulsera femeninos del siglo XX, ambas disciplinas han compartido materiales, técnicas y espacios creativos.

El concepto de reloj secreto llevó esa relación un paso más allá: la función horaria podía quedar subordinada a la joyería, de modo que el tiempo aparecía solo cuando quien llevaba la pieza decidía revelarlo.

El nuevo Jaeger-LeCoultre 101 Secrets retoma precisamente esa idea y la adapta a la tecnología y al savoir-faire contemporáneos de la manufactura. Se producirá en una edición limitada de tres piezas, cada una construida alrededor del mismo principio: esconder el tiempo dentro de una pieza de alta joyería.