Vacheron Constantin lleva el reino animal a la alta relojería
Screenshot

Un tigre bordado con hilos de oro, una mantarraya hecha de papel y un pulpo de vidrio de apenas unos milímetros no parecen, a primera vista, cosas que deberían compartir espacio con un movimiento mecánico. En Vacheron Constantin, sin embargo, esa combinación es precisamente el punto.

La manufactura suiza vuelve a mirar hacia el reino animal para su nueva colección Métiers d’Art Tribute to the Animal Kingdom, pero esta vez lo hace desde seis oficios que no suelen formar parte del vocabulario tradicional de la relojería: plumaje, escultura en vidrio, origami, bordado, papel y marquetería de madera.

Son seis relojes conceptuales que utilizan la esfera como un pequeño escenario. En cada uno aparece un animal distinto y, detrás de él, un artesano que tuvo que adaptar su disciplina a una escala poco habitual. El resultado habla tanto de fauna como de relojería, pero sobre todo de lo que sucede cuando dos mundos artesanales se encuentran.

Artes y oficios

La colección forma parte del programa One of Not Many Crafts, una iniciativa con la que Vacheron Constantin invita a artistas y artesanos ajenos a la relojería a trabajar junto con sus propios maestros.

El desafío está en las dimensiones. Los seis relojes tienen cajas de 42 milímetros y apenas unos cuatro milímetros separan la superficie de la esfera del cristal de zafiro. Una técnica que funciona perfectamente en una pieza de mayor tamaño cambia por completo cuando debe ejecutarse en unos cuantos milímetros.

La arquitectura del reloj ayuda a resolverlo. El calibre automático 2460 G4 coloca las indicaciones de horas, minutos, día y fecha en cuatro aperturas distribuidas alrededor de la esfera. De esta manera, el centro queda despejado para que cada artista pueda desarrollar su composición.

Una serpiente hecha con plumas

El primer ejercicio es Feather Snake, creado por Julien Vermeulen, especialista en plumasserie. Su serpiente mide alrededor de tres milímetros de altura y está construida con más de 200 diminutas piezas obtenidas de siete variedades de plumas de lophophore. El fondo utiliza plumas de ganso, mientras que la figura fue cortada con un microescalpelo desarrollado especialmente para el proyecto a partir de una aguja modificada.

En total, el trabajo tomó unas 250 horas. A esa escala, incluso seleccionar y cortar una pluma deja de ser una tarea puramente decorativa: cada fragmento debe encajar con el siguiente para que la figura conserve su forma.

El pulpo que salió del vidrio

El vidrio es el protagonista de Glassoctopus, realizado por el artista italiano Simone Crestani. La pieza representa un pulpo transparente de aproximadamente 3.5 milímetros de altura. Para conseguirlo, Crestani trabajó durante más de un año en una técnica que le permitiera manipular pequeñas varillas de vidrio fundido mediante herramientas de tungsteno.

El objetivo era conservar algunas de las cualidades propias del vidrio —su transparencia, ligereza y capacidad para jugar con la luz—, pero dentro de una escala en la que cualquier exceso de material podía alterar la figura.

El movimiento de una mantarraya

Para Anya Midori, el papel fue suficiente para construir una de las imágenes más reconocibles de la colección. En Micro Origami, la artista japonesa crea pequeñas mantarrayas de entre cinco y diez milímetros a partir de papel japonés teñido a mano. Antes de ser doblado, cada fragmento mide entre nueve y doce milímetros.

Pero reducir un origami existente no era suficiente. Midori estudió el cuerpo y el movimiento de las mantarrayas para desarrollar una secuencia de dobleces específica para el proyecto. El papel se manipula con los dedos, las uñas y un pequeño palillo hasta convertirse en una figura tridimensional.

Es un buen ejemplo de cómo la escala cambia las reglas de una disciplina. El origami sigue siendo origami, pero ahora debe funcionar dentro de una esfera de reloj.

Un tigre bordado con hilos de oro

En Tigerbroidery, Laura Baverstock lleva el bordado a uno de sus formatos más pequeños. Sobre una base de seda, la artista construye un tigre utilizando hilos de oro amarillo y blanco de 9 quilates, además de hilos negros recubiertos de cerámica. Para trabajar a esta escala tuvo que recurrir a herramientas específicas y a agujas de apenas 0.25 milímetros.

La composición requirió alrededor de 210 horas. El resultado no depende únicamente del dibujo del animal, sino de la manera en que cada hilo construye su silueta, textura y volumen.

Un cocodrilo menor a tres milímetros

El papel vuelve a aparecer en Papercroc, de Marianne Guély. La artista utiliza papel de algodón para crear un cocodrilo blanco mediante una combinación de gofrado, corte láser y ensamblaje manual. La figura alcanza una altura máxima de tres milímetros.

Aquí, el reto está en conseguir que un material esencialmente plano adquiera volumen y estructura sin perder la delicadeza propia del papel. Cada elemento se prepara por separado antes de integrarse en la composición final.

Las alas de un halcón, una por una

Anna Le Corno construye un halcón mediante 12 especies diferentes de madera, trabajadas en capas para generar volumen. Las alas son el punto central de la composición: se construyen prácticamente pluma por pluma con herramientas de precisión.

El resultado lleva la marquetería a una escala microscópica sin abandonar la lógica de la técnica tradicional: seleccionar diferentes maderas, trabajar sus tonos y vetas y ensamblarlas para crear una imagen a partir de pequeñas piezas.

Una fascinación que forma parte de la historia

La presencia de animales en Vacheron Constantin tampoco es nueva. La manufactura ha recurrido a ellos en diferentes momentos de su historia, particularmente en piezas donde la artesanía y la decoración ocupan un lugar central.

Un ejemplo temprano es un reloj de bolsillo de 1826, referencia 10200, que incorpora una serpiente en esmalte negro. En 1910 apareció un reloj colgante con forma de escarabajo, referencia 10556, con alas esmaltadas y detalles de diamantes y rubíes.

Años después, un reloj de bolsillo de 1923, referencia 10222, combinó laca china con la representación de un ave. En 1996, la referencia 11022 presentó una garza blanca en esmalte inspirada en Birds of America, la obra de John James Audubon.

La relación continuó en piezas de Métiers d’Art más recientes. Univers Infinis, de 2011, incorporó una paloma dentro de una composición inspirada en el universo geométrico de M. C. Escher. En 2022, Les Cabinotiers Tourbillon Joaillerie Hippocampe llevó a un caballito de mar a una composición que combinaba guilloché, grabado, esmalte cloisonné y engaste de piedras.

Por eso, Tribute to the Animal Kingdom no aparece como un capítulo aislado. Es una nueva manera de continuar una conversación que Vacheron Constantin lleva décadas manteniendo con la fauna.

La diferencia está en la ruta elegida. En lugar de preguntarse únicamente cómo representar un animal en una esfera, la manufactura plantea otra cuestión: ¿qué puede aportar a la relojería un oficio que nació fuera de ella?

La respuesta está en los seis relojes. Una serpiente de plumas, un pulpo de vidrio, mantarrayas de papel, un tigre bordado, un cocodrilo de algodón y un halcón de madera. Cada uno conserva la identidad de su disciplina, pero todos terminan compartiendo el mismo espacio: una esfera de 42 milímetros en la que la alta relojería se convierte, por un momento, en territorio de encuentro para otras formas de artesanía.